Recojo éstas ideas de Ramón y Cajal publicadas en sus
“Charlas de café”. No sé si estáis de acuerdo o no con las enseñanzas de Don
Santiago, yo las considero del todo punto aprovechables:
El cultivo de la amistad pide mucho tiempo, solicitud y
esmero. Uno o dos buenos amigos íntimos los tiene cualquiera; cuatro o seis,
pocas personas; una docena, nadie. Sin embargo, todos debemos aspirar, ya que
no a la simpatía y al afecto, al respeto y consideración de la mayoría de
nuestros conocidos y compañeros.
Importa declinar, en lo posible, los agasajos inmerecidos y
las alabanzas hiperbólicas. Quienes te obsequian o te encomian con exceso te
consideran solvente y te prestan interés usurario.
El odio puede ser desarmado por el amor, y acaba por
olvidar; más la envidia solo cesa ante la muerte; y a menudo ni al borde del
sepulcro se detiene.
La amistad repugna la pobreza y el dolor como la planta la
oscuridad y el aire enrarecido. Por tanto, si deseas conservar amigos,
ocúltales tus penurias y pesadumbres.
A quienes juzgan por las apariencias, cabría preguntarles:
Si el cerebro apenas imprime sus circunvoluciones en el cráneo, ¿cómo las
imprimirá en la faz?¿en qué parte de ésta destacan los honrados callos del
trabajo y la energía de la voluntad creadora?¿dónde está el repliegue
fisonómico revelador de la solución de un problema científico?
Ya lo dijo el sblime Jesús: Sólo hay una regla para juzgar a
los hombres: el fruto.
Nos quejamos de los amigos porque exigimos más de lo que
pueden dar.
¿Alardeas de carecer de enemigos? Veo que te calumnias ¿Es
qué jamás dijiste a nadie la verdad ni realizaste un acto de justicia?
De todas las reacciones posibles ante una injuria, la más
hábil y económica es el silencio.
¿Qué debemos preferir, el pedigüeño ingrato o el agradecido?
Contestemos sin vacilar: el ingrato, porque recibido el primer benficio
decisivo, se eclipsa y nos deja en paz; al revés del pobre agradecido que nos
acosa en cuantas tribulaciones se le ofrecen. Bien dijo Maquiavelo: "El
favor obliga más a quien lo otorga que a quien lo recibe".
La jovialidad de los amigos constituye el mejor antítodo
contra los desengaños del mundo y las fatigas del trabajo. Invirtiendo el viejo
refrán, deberíamos decir: "quien bien te quiere te hará reir".
Con dolorosa sorpresa he comprobado muchas veces que ciertos
odios implacables no reconocen otro origen que nuestra distracción al ser
saludados o el olvido de contestar una carta.
Hay pocos lazos de amistad que no puedan ser cortados por un
cabello de mujer.
Conservemos como tesoro las amigas juiciosas que saben
soportar el desaire de una pretensión injustificada.
Sólo se recuerda el último favor...hasta que se convierte en
penúltimo.
Si eres heterodoxo o escéptico, no intimes demasiado con
camaradas creyentes o intolerantes. El odio teológico se agazapa y disimula,
pero no perdona jamás.
Os ofrezco.suculentos comentarios sobre la entrada de mi amigo de la fragua Guillermo Iglesias:
1 Creo que no debemos aspirar al respeto de nuestros conocidos, Debemos ganarlo.
2 No debemos aceptar los agasajos inmerecidos. Por inmerecidos.
3 La envidia es uno de los rostros del odio. Sin odio, es admiración
4 Si, para conservarlos, debes ocultarles algo de tu realidad, no son tus amigos
5 La apariencia no es un dato definitivo. Pero es un mensaje de quien la ostenta.
6 No son amigos aquellos de quienes nos quejamos
7 Estoy de acuerdo. La verdad es un recurso casi infalible para ganar algún enemigo
8 Sí, el silencio es un antídoto casi universal
9 Hay una sola variedad de pedigüeño: el que hace de pedir, una costumbre.
10 También pueden hacerte reír los que no te quieran
11 Esos dos orígenes mencionados, son graves
12 No hay lazo de amistad que no sucumba ante un sentimiento más intenso
13 Falta encontrar a una mujer (o a un hombre) que crea injustificadas sus pretensiones
14 Solo se recuerda el último favor, hasta que se pide el próximo
15 No intimes si debes hacer cálculos previos.