jueves, 17 de abril de 2014

UTOPIAS URBANAS III

LA REALIDAD


EL SUEÑO


EL SUEÑO HECHO REALIDAD, ¿DÓNDE ES EL SUEÑO?¿QUIÉN ES EL SOÑADOR?


martes, 15 de abril de 2014

"El olvido que seremos" de Héctor Abad Faciolince


El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince

Hector Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958) es un escritor a la estela de los novelistas que, como García Márquez, tiene el don de contar. Con la prosa de Héctor Abad nos trasladamos a la magia del ritmo y la poesía oral, al misterio encerrado en la palabra que se nos transmite desnuda y cálida, tierna y sincera, pero desgarrada por el dolor de la vida que, en el caso de Héctor Abad se centra en el inmenso e inhabitual amor, un amor ancho, amplio y total a un padre que le enseñó la fuerza de la palabra, de la poesía y de la vida y al que pierde asesinado por los paramilitares colombianos.

“El olvido que seremos” es la necesidad de alimentar el futuro del escritor con una novela liberadora, la necesidad de un  hombre de expiar el enorme sentimiento de culpa por la muerte del padre, la necesidad de hacer justicia con el relato cierto de los hechos; hechos que dictaminaron la muerte de un ser manso y valiente, de un luchador incansable por la tolerancia y la libertad, además de un médico que salvó innumerables vidas.

Héctor Abad guardó durante años la camisa ensangrentada que recogió del cuerpo de su padre cuando fue abatido en una calle de Medellín. Así dice en un párrafo de los hechos:

Guardé en secreto, durante muchos años, esa camisa ensangrentada, con unos grumos que se ennegrecieron y tostaron con el tiempo. No sé porque la guardaba. Era como si yo la quisiera tener ahí como un aguijón que no me permitiera olvidar cada vez que mi conciencia se adormecía, como un acicate para la memoria, como una promesa de que tenía que vengar su muerte. Al escribir este libro la quemé también pues entendí que la única venganza, el único recuerdo, y también la única posibilidad de olvido y perdón, consiste en contar lo que pasó, y nada más.”

Es tal vez el mejor testimonio que guarda el secreto de la confesión, porque Héctor Abad Faciolince descubre sus entrañas en el relato de su vida, de una vida siempre a caballo entre una educación del Opus Dei y un padre que le brindó el mejor de los regalos de la vida: su inmenso amor y el amor por la palabra y por la alegría de vivir.

 La novela que con frecuencia se adentra en el terreno empalagoso y resbaladizo de los sentimientos felices y familiares, es producto de la sutileza del lenguaje rico y variado de un escritor que logra definir matices grises con unfondo claroscuro,  pero que resalta con brío y claridad los trazos rojos de la pasión por la vida.

Esa sutileza y exquisitez en el uso del lenguaje y la expresión de lo vivido queda reflejado cuando dice:

La cronología de la infancia no está hecha de líneas, sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigada sobre una playa de olvidos.”

Como recoge brillantemente Héctor Abad Faciolince en la frase de Goethe que refleja como un espejo en ángulo el tiempo vivido y nos deja ver lo ocurrido:

Gris es, amigo, toda teoría, pero solo es verde el dorado árbol de la vida

De esta manera, este óleo que es “El olvido que seremos” nos muestra los momentos de alegría y de dolor en la forma que, evitando la nostalgia, rescata los recuerdos para integrar la pérdida, la amputación dolorosa que supone la muerte de las personas queridas, como un padre o una hermana, muertes inesperadas, muertes violentas o lentas y dolorosas, dentro del marco de la existencia y la plenitud que conforma lo vivido. Así el propio escritor nos dice:
Fueron años de dicha, digo, pero la felicidad está hecha de una sustancia tan liviana que fácilmente se disuelve en el recuerdo, y si regresa lo hace con un sentimiento empalagoso que la contamina y que siempre he rechazado por inútil, por dulzón y en últimas por dañino para vivir el presente: la nostalgia.

Aunque del mismo modo hay que señalar que las tragedias posteriores, no deben empañar ese recuerdo feliz, ni lo pueden teñir de desgracia, como a veces les pasa a algunos temperamentos que se enferman de resentimiento con el mundo, y que a raíz de estudios posteriores injustos o muy tristes, borran del pasado, incluso los indudables períodos de alegría y plenitud. Creo que lo que pasó después no puede contaminar de amargura los años felices.





Buena literatura la del escritor colombiano, novela que destila hondura y ritmo, dibujo de una sociedad violenta y clasista dominada por la ley del más fuerte, una sociedad donde la defensa de los valores como la libertad y la tolerancia, se pagan con la muerte, una sociedad donde el poder económico y religioso tiñen de sangre la blancura inocente de los que con valentía se enfrentan a su hegemonía.


He encontrado en Héctor Abad Faciolince un escritor auténtico que conmueve y convence, un defensor de la verdad que con una pluma brillante se ha enfrentado a sus propios fantasmas, y que me ha contagiado de vida y de amor por la palabra. Gracias Héctor por ese esfuerzo de veinte años, veinte años de silencio y sufrimiento desde la muerte de tu papá hasta contarnos la verdad, veinte años en los que el dolor nunca fue olvido y que ahora comienza a ser con nuestra ayuda, gracias por tu amor.

TEORIA


domingo, 13 de abril de 2014

UTOPIAS URBANAS II

La realidad



EL SUEÑO



EL SUEÑO HECHO REALIDAD



¿Dónde está materializado el sueño?¿quién es el soñador?

sábado, 12 de abril de 2014

"Mátame" de Raul Bravo



Con apenas 17 años, Raul Bravo nos da la medida de los jóvenes creadores malagueños, ¡hay cantera!

Mátame

Mátame, eso hará sentirme vivo. Mátame delante de esta gente, que con sus ojos nos miran pero no comprenden. Mátame para poder vivir, para poder sentir, para estar contigo. Mátame, que es lo único bueno de estar vivo. Mátame, que para estar entre esta gente, más vale estar muerto que vivo. Mátame, bésame y llévame contigo"

jueves, 10 de abril de 2014

J. Gil de Biedma - No volveré a ser joven - Enrique Bunbury





UNO DE LOS POEMAS MÁS GRANDES JAMAS ESCRITOS

UTOPIAS URBANAS I


La realidad



EL SUEÑO



¿PARA CUANDO EL SUEÑO HECHO REALIDAD?


¿DÓNDE ESTAMOS?¿EN QUÉ SUEÑO?¿QUIEN ES EL SOÑADOR?

martes, 8 de abril de 2014

AZATHOTH de H.P. Lovecraft




AZATHOTH

Cuando la vejez se derramó sobre el mundo, y la maravilla abandonó las mentes de los hombres; cuando ciudades grises elevaron altas torres, sombrías
y lúgubres, bajo cuyos mantos nadie puede soñar con el sol, o los campos florecientes de la primavera; cuando el conocimiento despojó a la tierra de
su alfombra de belleza, y los poetas no cantaron sino fantasmas distorsionados, vistos con ojos legañosos; cuando estas cosas hubieron pasado, y los
anhelos infantiles se esfumaron para siempre, hubo un hombre que empleó su vida en la búsqueda de los espacios hacia los que habían huido los sueños
del mundo.

Poco hay registrado sobre el nombre y procedencia de este hombre, ya que eso correspondía exclusivamente al Mundo Despierto, aunque se cree que
ambos eran oscuros. Baste saber que vivía en una ciudad de altos muros, donde reinaba un estéril crepúsculo; y que se debatía diariamente entre
sombras y alborotos, volviendo al hogar durante el atardecer, a una habitación cuya ventana no se abría sobre hierbas y árboles, sino a un brumoso
patio, sobre el que muchas otras ventanas se abrían en penosa desesperación.

Desde aquella ventana sólo se divisaban muros y ventanas, salvo que uno se inclinara para atisbar hacia las alturas, hacia las tímidas estrellas que
allí habitaban. Y ya que tanto los desnudos muros como las ventanas conducen pronto a la locura (al hombre que lee y sueña demasiado), el inquilino
de esta habitación solía asomarse noche tras noche, observando las alturas para vislumbrar alguna diminuta parte de las cosas que estaban más allá
del Mundo Despierto.

Con el correr de los años, fue conociendo a los astros de curso lento por su nombre, y a seguirlos con la fantasía cuando, con pesar, se deslizaban
fuera de su vista; hasta que al fin, sus ojos se abrieron a esa infinidad de secretos paisajes, cuya existencia, la mirada vulgar jamás repara.

Cierta noche, los cielos cubiertos de sueños se abalanzaron hacia la ventana del Solitario observador, para fundirse con la atmósfera viciada de su
alcoba, y hacerle partícipe de sus ominosas maravillas.

Sobre la habitación arribaron ignotas corrientes de crepúsculos violetas, resplandeciendo con nubes de oro; huracanes de oro y fuego arremolinándose
desde los más profundos espacios, inundados con perfumes de Más Allá de los universos. Mares opiáceos se derramaron allí, alumbrados por soles que
los ojos jamás han contemplado, cobijando entre sus revoluciones extraños peces y ninfas marinas de olvidados abismos.

La silenciosa eternidad giraba en torno al soñador, arrebatándolo sin tocar siquiera el cuerpo que se asomaba con rigidez a la solitaria ventana; y
durante días no registrados por los calendarios del hombre, las mareas de las lejanas esferas lo transportaron a reunirse con los Sueños por los que
tanto había suspirado, los Sueños que el hombre había perdido. Y en el transcurso de multitud de ciclos, tiernamente, lo depositaron durmiendo sobre
una verde playa al amanecer; una ribera verde, exuberante, exhalando dulces fragancias por los capullos de lotos y sembrado de rojos camalotes...

lunes, 7 de abril de 2014

viernes, 4 de abril de 2014

Málaga en los años 50. La nevada de febrero de 1954.





Hace 60 años de este acontecimiento, un documento único y extraordinario grabado por Manuel Bravo con cámara de 9,5 mm y a la que se han añadido fotografías privadas



Dedicado a todos los malagueños.

jueves, 3 de abril de 2014

William Blake, el creador de un universo visual


WILLIAM BLAKE, CREADOR DE UN UNIVERSO VISUAL, DE UNA UNICIDAD CÓSMICA



La catalogación del poeta inglés William Blake (1757-1827) dentro de la literatura no es fácil, catalogarlo como “prerromántico” es solo aludir a una situación temporal y no a su forma expresiva. Visionario, místico y rebelde, Blake revisó la historia de la leyes morales que encadenan al hombre y reconoce las fuerzas del mal como necesarias en la integración de un universo propio donde Blake crea una cosmogonía en la que el equilibrio de los contrarios constituye una unicidad cósmica.




Así afirma: “Quién se encadena una alegría/Destruye la vida alada/Más quien besa cuando ésta vuela/Vive el amanecer de la eternidad”


Si bien Blake ve al hombre en su proyección de eternidad, la experiencia de éste en el mundo caído lo va dividiendo en formas que él llama espectrales. Son atributos productos de un desdoblamiento que llama emanación.




Tuve la ocasión hace unos años de disfrutar de una exposición de su obra en Caixaforum de Madrid, el poeta ilustra su universo donde revisa a Dante, Milton y la Biblia. Posteriormente leí y publiqué un breve comentario a la visión que me produjeron sus visiones, lo titulé “la cosmogonía de William Blake”, lo leí una madrugada de verano en la casa de mi amigo José Luis Pérez Fuillerat en el recital de poesía “un plato por un poema” aquí en Málaga.




Ahora termino de leer la Antología bilingüe publicada por Alianza editorial con la portada de Newton dibujada por el poeta. Tras la lectura reconozco en el británico la fuerza y la valentía de la imaginación, quedo “prendado” a sus palabras y la capacidad de ensoñación que crea una crítica radical a todas las creencias de su tiempo. Precursor de los pensadores que constituyen el acervo cultural de occidente actual como Jung y con la fuerza de la comprensión de fenómenos necesarios como las grandes revoluciones de su tiempo: la americana y la francesa , tan necesarios como los grandes acontecimientos geológicos o cósmicos.

La originalidad y fascinación del sistema de Blake está justamente en su capacidad de incorporar y articular con la totalidad cada manifestación vital.



Con Blake, Hombre y Naturaleza dejan de oponerse. Desaparecen los paraísos y los infiernos dualistas y todo entra en una dinámica en que bien y mal son relativos.



martes, 1 de abril de 2014

Josefina Carabias y Ramón María del Valle-Inclán-"Como yo los he visto" (II)


Josefina Carabias y Valle-Inclán

Josefina Carabias conoce a Ramón María del Valle-Inclán (según ella relata en su libro “Como yo los he visto”) a principios de 1932 cuando, trabajando en el diario “Ahora”, el subdirector Manuel Chaves Nogales la envía a preguntarle sobre la clase de literatura que creía que se haría en el año 2000, en aquél tiempo era un tema muy de moda fantasear con temas como este, dado que los adultos y aún los jóvenes de entonces , como dice Josefina: “ninguno llegaríamos a aquella fecha.” La pregunta se hacía a médicos, físicos, arquitectos y se intentaban que opinasen sobre los avances que vendrían.



La respuesta fue la más sencilla , la más breve, la más original de cuantas pudimos recoger entre todos, “Si yo supiera-me dijo don Ramón-que clase de literatura podrá hacerse en el año 2000, la estaría haciendo ahora, aunque me muriera de hambre.

Comentando años después esta respuesta con Baroja, me dijo:

parece mentira que un hombre al que le gustaba tanto fantasear, dijera una verdad tan absoluta.”

 Además de una buena respuesta eso fue una definición. Así era Valle-Inclán: un hombre que por encima de sus defectos, (para mí tenía muchos) poseía una cualidad admirable en un escritor: la de hacer lo que él creía que estaba bien, lo que debía hacerse aún a riesgo de que no gustase a nadie. Incluso arrostraría que le apedrearan por la calle.




Valle-Inclán fue el primer intelectual que Josefina Carabias vió de cerca, ¡que impresión le hizo!. Su extraña figura, manco como Cervantes y con aquella barba que en 1929 ya era de un gris tirando a blanco y sus gafas de concha, resultaba de una originalidad increíble.

Todo el mundo se giraba en la calle a su paso, todos sabían que era un gran escritor aunque no supieran lo que había escrito. En el mundo de la cultura como el Ateneo, la Universidad o la Residencia de Estudiantes todos hablaban de Valle.

Descubro asombrado que a la vez que leo el libro aparece un reconocimiento a las pioneras del periodismo español en "Imprescindibles de RTVE" en la 2, centrado fundamentalmente en Josefina Carabias: Recomendable.

Josefina Carabias y Pío Baroja "Como yo los he visto" (I)

Josefina Carabias representa en el periodismo español la insignia de la audacia de la mujer en un gremio que cuando ella comienza en los años 20 no conoce la presencia femenina.

Su mirada es siempre directa, libre y acogedora. Con técnica impecable siempre se dirige a su público sabiendo que es lo que quiere leer, es puro periodismo.



Cuando muere en 1980, Josefina Carabías que había sido corresponsal en Nueva York y París, ya de vuelta en España, estaba escribiendo sus encuentros con los personajes de la cultura y del arte español.

En éste libro "Como yo los he visto· se refleja sus impresiones de gente como Pío Baroja



La relación con Don Pío se inicia en el mismo día que se proclama la II República, el 14 de abril de 1931. Será una relación larga y fructífera que llevará a la periodista a entrevistarlo en múltiples ocasiones. Josefina Carabias acaba con el mito del escritor huraño y escurridizo y nos dibuja una persona entrañable y siempre dispuesta a la conversación.



Así afirma la periodista:

Entre los muchos hombres ilustres que teníamos entonces en España, don Pío Baroja era el de más fácil aproximación. Don Pío Baroja, era para la periodista lo que se dice un bizcocho. No solo estaba siempre en su casa sino que recibía al instante-a veces era él mismo quien abría la puerta-y jamás dejaba de contestar una pregunta por indiscreta que fuese.

sábado, 29 de marzo de 2014

"Anatomía poética" Un suave abrazo cordobés sin contracturas




“ANATOMIA POÉTICA” de Joaquín Pérez Azaústre

Recibo éste poemario un 19 de marzo, una sorpresa en mi buzón, un poemario que leo con la alegría de encontrar siempre en Joaquín el abrazo eléctrico y sin contracturas, el encuentro que me proporciona siempre instantes de ternura y luces de aliento que me infunden vida.
Poemas como “Que me entierren en París” donde canta el poeta sin pudor su amor por una ciudad llena de luz: París.

que no me llore nadie/y que rieguen mi nombre con champán/que  nunca acabe esta fiesta/que me entierren en París

O ese hermosos tapiz de pasión que despliega ante nuestro ojos que respiran sus letras con “Latidosde un amigo “que me susurra entre líneas/que está volviendo a vivir/en lo que escribo”.

En esa carta de Rainer Maria Rilke al joven Luis Cernuda,  joven elogio sobre el placer de buscar en lo infinito una sombra de un árbol en la brisa. Son poemas que nos inquietan a veces en su aviso de que siempre volveremos sin remedio a los dominios del silencio y del dolor.

Así nos llega un sobrio poema de ausencia que es “La Gran Guerra” o la entrega absoluta de “Una evocación” o finalmente con el armonioso “la madre” que la sitúa en todo el espacio que nos rodea, siempre estando sin estar cerca.

Los homenajes al séptimo arte encuentran en Pérez Azaústre  un exponente brillante de la pasión por la pantalla y la magia que envuelven a personajes como Marlon Brando hace que se precipiten las olas del mar sobre el blanco papel.

Sus estancias en Costa Rica se nos presentan con poemas donde el vestido naranja está destinado a viajar en las grutas de la intimidad o en esa lluvia costarricense, una lluvia de pasión que borra tantas lluvias anteriores.

El climax nos llega con esa intensa ambición erótica satisfecha  en “Voyeur,  la contemplación de una mujer tendida de espaldas donde las copas de carne se someten al rigor de cráteres inversos. La espalda en Joaquín Pérez Azaustre constituye un punto neurálgico de su literatura y por consiguiente de su vida. Ello es debido al hecho de haber padecido desde niño fuertes contracturas en ella.

La reivindicación del Sur en “América”, esa vieja que nos dibuja en “Postales” o esa fastuosa “Elegía” en honor de Francis Scott Fitzgerald, nos muestra un poeta sensible y cercano.

Con “Las Ollerías” el poeta encuentra un punto de encuentro con su pasado y su futuro, en esa avenida cordobesa el poeta vivió y sobre todo convivió en sus años de juventud y adolescencia cuando aún la incertidumbre  del futuro y sus pactos con la vida marcaban el camino a seguir.

Así en el “Buen pastor” o “Foto del 81” se vive el aire de instantes que se evaporan en intercambios de eternidad.

Uno a uno los poemas de Pérez Azaústre se desgranan en el poemario como las uvas que vamos arrancando y disfrutando una a una, son dulces, son uvas moscatel, en ellas se impregnan como en “Una figuración del paraiso” “Residencia de Estudiantes” o “laberinto” esa torpe sensación de ausencia con puertas abiertas al mar o bailes tatuados en las pieles tostadas de “Casa azul” o el calor suave con el que ascendemos en “La escalera de piedra”.
Finalmente en “Los nadadores” encontramos al poeta húmedo donde con una fuerza intensa se zambulle en el agua de la vida con el poder del padre que le transmite en forma de pulmón macizo.

La vieja contractura como verdad antigua y la escritura como misión ineludible, muestran siempre a un escritor comprometido con la vida. Uno de lo grandes

"la liebre con ojos de ámbar" de Edmund de Waal, un pajar lleno de sorpresas


“La liebre con ojos de ámbar” de Edmund de Waal

Nos tocó leer éste libro con título tan extraño, una edición elegante (como 
todas) de la editorial Acantilado, un título con un subtítulo sugerente “Una 
herencia oculta”. El subtitulo ya nos avisa del contenido del libro: es un libro 
biográfico sobre la historia de una familia, el adjetivo “oculta” llama la atención y 
despierta nuestros sentidos de lectores curiosos y adiestrados, dispuestos a no 
dejarse sorprender con facilidad. 

Abro y la solapa de la portada me da a entender el origen del escritor de la 
obra: ¡un ceramista! ¡inaudito sin duda! ¡ah! y bueno, no cualquier ceramista 
sino uno con exposiciones en prestigiosos museos británicos. Posteriormente 
nos encontramos con el índice del contenido, lo primero: “Árbol genealógico de 
la familia Ephrussi”. Los dedos con la habilidad suficiente localizan rápidamente 
el árbol familiar citado, es como un enorme cifrado que se despliega ante 
nuestros ojos cada vez más sorprendidos, un extenso árbol con una insignia en 
la parte superior derecha, es la insignia de la familia Ephrussi: dos E en forma 
de épsilon gigantes que se asemejan a nuestros símbolos tan conocidos €€ 
con una corona sobre ellos, es la familia de judíos, de influyentes millonarios 
judíos que desde Odesa hasta Tokio, pasando por París y Viena, desplegarán 
sus vidas durante más de cien años, como banqueros y mecenas del arte. 



La historia se nos revelará como una serie de fotografías antiguas que nos 
enseñarán la historia de Europa: París a principios del XX, Viena en las dos 
grandes guerras mundiales y Japón en los cincuenta. 

“La liebre con ojos de ámbar” es un maravilla de libro, es sedoso y entretenido, 
nos enseña sobre arte y sociología histórica, de los modos sociales y 
comportamientos de la clase dominante en momentos tan importantes para la 
historia de Europa y del mundo. Me recuerda a veces las brillantes 
descripciones históricas de Stefan Zweig, que tanto saben interpretar los 
sentimientos de una época. 



“La liebre con ojos de ámbar” es un libro de viajes que nos transporta de París 
a Viena, a Londres, a Tokio, con un contenido siempre interesante. La 
investigación que el autor hace sobre sus ancestros partiendo del protagonismo 
de una colección de 260 netsuke. Los netsuke son unas miniaturas japonesas 
originales que lo mismo son animales como liebres o tortugas, personas o 
naturaleza, de marfil o madera, son delicadas y valiosas piezas de artesanía 
japonesa del siglo XVI que nos acompañarán desde París con Charles 
Ephrussi, mecenas de los impresionistas, a Viktor y Emma en Viena en el 
período 1899-1938 y finalmente de vuelta desde Londres a Tokio (a su origen 
japonés) con Iggie (tio-abuelo del autor Edmund de Waal) a mediados de los 
cincuenta. En la época época parisina en la que nos encontraremos inicialmente es donde 
Dumas afirmó en 1887 “Ahora todo es japonés”. 







Como dice el autor en la página 66 sobre Charles y una caja japonesa que 
adquiere:

“Los motivos de la caja se enlazan con su creciente amor por las pinturas 
impresionistas: las imágenes de las manzanas en flor, los cielos nublados y las 
mujeres de vestido ondulante salen directamente de Pisarro y Monet. Las 
cosas japonesas-lacas, netsuke, grabados-conjuran el retrato de un lugar 
donde las sensaciones se renuevan sin cesar, el arte rezuma de la vida diaria y 
todo transcurre en un sueño de belleza en flujo inagotable” 
Había en las cosas de Japón un arte erótico de posibilidad, de manera que las 
figuritas estaban para ser manipuladas, acariciadas, llenas de sensualidad y 
divertimento. Comparando aquellos tiempos con los actuales de sushis, 
sudokus o haikus, no me queda más que comentar que las comparaciones son 
odiosas. 

 Las figuras adquirirán la vida de los personajes, serán ellos los que como 
coleccionistas y sus manías, abrirán sus corazones como abren la vitrina para 
tocar las figuritas, al compás de la vida y las relaciones humanas del contexto 
social e histórico. 




Viviremos las distintas épocas interrelacionadas e informándose mutuamente. 
En París conoceremos como la influencia económica de los judíos fue 
denostada por los nacionalistas con el caso Dreyfus, en Viena, donde los 
netsuke llegan en 1899 como regalo de Charles a su sobrino Viktor, llamado 
Tasha (patronímico ruso) donde los netsuke vivirán en la intimidad del vestidor 
de Emma, la mujer de Viktor. Será una familia poderosa y rica, una familia judía 
asimilada que disfrutará de la mejor de las posiciones sociales y que será 
destruida por el antisemitismo que reinó a partir del nacimiento del 
nacionalsocialismo; como Henry Wickam escribe sobre el caldo de cultivo 
vienés de principios de siglo para el dominio de los judíos: 

“ Una libertad para que el judío listo, rápido e infatigable hostigara un mundo 
público y político sin ninguna preparación para defenderse de la competencia 
con él. Recién salido del Talmud y la sinagoga, consecuentemente adiestrado 
para conjurar con la ley, hábil para la intriga…el judío solo buscaba complacer 
un insaciable apetito de riqueza y poder” 


Llegó a todo un invierno donde las riquezas de los judíos desaparecieron como 
los copos de nieve ante el calor del sol, derritiéndose ante la violenta sacudida 
del movimiento nazi. “La liebre con ojos de ámbar” es sin duda un libro de descubrimiento de uno mismo, un viaje interior donde se analiza con una extrema belleza el origen de 
unos antepasados. 

Un libro que sorprende y nos encandila en cada recodo, un trabajo sin fisuras, 
una pieza de cerámica literaria amasada con esmero e inspiración. 

Muy, pero que muy recomendable

miércoles, 26 de marzo de 2014

En los jardines Picasso



EN LOS JARDINES PICASSO


Como los pies de un colosal paquidermo vegetal,
el árbol se enraiza en la tierra
extendiendo sus poderosas ramas
en un encuentro hacia el cielo,
mientras una paloma se acerca a mis pies
buscando el aliento de la vida,
es una hermosa paloma de color crema
con un collar negro y unos ojos de ámbar,
entre mis pies y los del árbol
desaparece concediéndome
el leve regalo de su presencia

martes, 25 de marzo de 2014

"Tarde o temprano" de José Emilio Pacheco, la ética frente al lenguaje





JOSÉ EMILIO PACHECO, la ética frente al lenguaje

“Tarde o temprano” constituye la antología poética del poeta mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) y recoge catorce poemarios escritos entre 1958 y 2009. Durante prácticamente dos meses me han estado acompañando allá donde iba, más de 800 páginas de una elegante y cuidada edición de Tusquets editores.

Pacheco se me descubre como un poeta excelso por su cotidianidad y su ética ante el acto de escribir, erigiéndose en un escritor directo y lleno de un lenguaje coloquial donde prima el mensaje y su elegancia ante los devaneos frecuentes de poetas que intentan demostrar artificialmente el dominio de la técnica poética.

Desde el principio de la antología con “Los elementos de la noche” (1958-1962) o “El reposo del fuego” (1963-1964) la poesía de Pacheco posee la rara habilidad de atraparnos en su concierto de la naturalidad de las palabras, de la armonía sencilla que desgrana los sentires con la valentía de lo inmediato, de los simple y humilde que se nos destaca en un alma llena de pureza y verdad.

Con “No me preguntes como pasa el tiempo” (1964-1968) nos rinde la hermosura de una hormiga o la belleza útil de las pinzas de un cangrejo. El valor del sentimiento poético desnudo ante el continuo descubrimiento de la naturaleza, siempre tan cercana, tan viva y rica de complejidades para el poeta que nos ensalza sus diversidades, haciendo la lectura tremendamente atractiva. Como lector  encuentro en el poeta la exaltación de la contemplación inmediata y profunda, la curiosa profundidad y el rigor absoluto.

Con los sucesivos poemarios de “Tarde o temprano” como “Irás y no volverás” (1969-1972) “Islas a la deriva” (1973-1975) “Desde entonces”(1975-1978) “Los trabajos del mar” (1979-1983) “Miro la tierra” (1984-1986) “Ciudad de la memoria” (1986-1989) “El silencio de la luna”(1985-1996)”La arena errante” (1992-1998) “Siglo pasado”(1999-2000) “Como la lluvia”(2001-2008) o su último “la edad de las tinieblas”(2009) Pacheco sabe alcanzar con asombrosa continuidad el entendimiento con la búsqueda y el inteligente hallazgo  de las semejanzas, sabiamente es capaz de mostrarnos una salida al laberinto existencial de la soledad y la angustia. Pacheco nos ofrece como salida la oscuridad y el silencio de la reflexión y la contemplación, una salida airosa y fresca siempre, porque el aire que rodea la poética de Pacheco es pura ternura, es solución, es desgaste del tiempo que florece en conocimiento.

La poesía de Pacheco es puro deslinde de la amargura, límites que se nos marcan sin más elementos decorativos ni más alambradas que la propia desnudez de la naturaleza humana, llena siempre de claroscuros.

La humanidad de Pacheco destaca siempre por encima de su prosa y nos inunda de sabores variados y complejos, nos somete a las dudas y certezas de nuestra propia naturaleza que queda en el descrédito ante el resto de los animales que son útiles, nos transmite las enseñanzas de nuestras propias limitaciones reflejadas en el espejo de los animales y de las cosas temporales o los elementos nos fortalecen y nos dan clarividencia.

La sabiduría de Pacheco es tal que nos alcanza a lo más hondo de las entrañas haciendo temblar nuestras propias raíces por el misterios que vamos resolviendo, porque si algo tiene el poeta mexicano es su capacidad de involucrarnos en todo aquello que nos cuenta.
La poesía de José Emilio Pacheco, nos despierta, muy de largo, de nuestro continuo letargo, para mostrarnos con su índice indiano el único sentido válido, el del viento del conocimiento.

“Los versos de la calle”

Hay demasiados versos en el mundo. Como el canalla que engendra y abandona, echó a andar otro atajo aunque nadie lo exija ni lo espere. Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran.
“En su desamparo los versos se drogan aspirando la Nada y se quedan inertes en la esquina. Algunos de dan valor para entrar en lugares públicos. Tampoco allí los toman en cuenta y el personal los expulsa de mala manera.
“Entonces suben los vagones del Metro e intentan pregonar su mercancía entre la hostilidad, el desprecio o cuando menos la indiferencia de los pasajeros. No les queda más remedio que entrar en las casas cuando nadie los ve y tratar de abrirse camino en los ojos, el oído y la mente de quienes no los han invadido.
“Cómo no vivirte agradecido si tú los recoges por un instante y los vuelves parte de tu voz interior, de tu respiración y el rítmico fluir de tu sangre. Al menos por esa noche los versos de la calle, los hijos de la inconsciencia y la intemperie, están a salvo. Mañana quién sabe. Sólo hay algo seguro: dentro de poco ellos también se habrán evaporado. Nuevas legiones atestarán las ciudades.”


(De “la edad de la tinieblas” 2009)

Víctor Pérez- Málaga a 25 de marzo de 2014.

lunes, 24 de marzo de 2014

la volatilidad de "el abrazo" de Gustav Klimt



La volatilidad de "el abrazo" de Klimt

Acapara el lienzo el abrazo
con una mágica fusión circular
mientras la capa pretende volar
evidenciando el poder del silencio.

La ternura agasaja el momento
la calidez rodea un instante
como la agonía de un mutante
despierto siempre al sentimiento.

Contemplo el pálido semblante
con la tristeza que oigo un adagio
con la alevosía de oir un andante
mientras se desprende del cuadro volátil
con deseo alado y elegante
un perfume con olor a dátil.

(poema que tiene ya unos cuantos años y que ha sido sometido a pequeñas variaciones)