El grito de Antonio Montes. Premio de Novela Café de Gijón 2011


No es la primera vez que el Premio Café de Gijón nos descubre un nuevo talento, un nuevo príncipe de la palabra que nos seduce y nos hace vibrar de nuevo con viejas o nuevas historias. En ésta ocasión es un paisano de Montejaque, un pueblecito cercano a Ronda. La novela "El grito" es un fresco sobre los caracteres de las personas de un pueblo que se encuentran en un velatorio. Lo antiguo y lo nuevo se dan de la mano (curiosa la forma de llamar los antiguos del pueblo a los más jóvenes le llaman "nuevos").

La historia está dibujada a retazos, está marcada por tiempos en un mismo tiempo y encuentros en un mismo escenario: la casa de la muerta. La muerta es una mujer de 80 años y es encontrada por la sobrina con un grito, el mismo grito es con el que finaliza la novela. Un final sorprendente.

El estilo es ágil y consigue encontrar la unidad enlazando cada una de las partes con dinamismo. Escrita con maestría y con la frescura de un guión cinematográfico, contiene diversos niveles aunque todos se centran en una unidad. Laberinto de pasiones, cuna de malediciencias, lugar para chismes y chistes, en un velatorio a la antigua usanza se dan tantas situaciones nuevas como reencuentros, son situaciones viejas y repetidas aprovechadas para arrepentimientos y perdones.Es un continuo "referir"...

Expresiones como "olla alzá" nos descubren todo un mundo de localismos que alientan lo ancestral de una comunidad.

Las personas son las personas de un pueblo: la tonta del pueblo, la ciega, el viejo educado, el cura, las vecinas, la familia en donde alcanzan más relevancia la hija y la hermana de la muerta.

Es importante destacar la historia paralela aunque dentro de la historia principal del velatorio, de los nietos de la fallecida Carlos y Luis, los únicos con nombre propio en la novela. Carlos y Luis crean una atmósfera propia dentro del relato.

En fin, una novela que nos mantiene en la lectura y nunca nos hace rehuir de la escena del velatorio, más bien nos atrae con sus retales y sus retahilas de diálogos e historias antiguas.

Como muy bien ha elegido Antonio Montes para antes de empezar a leer, decía Steinbeck:

"Un pueblo tiene un sistema nervioso y una cabeza de espaldas y pies. Un pueblo es algo distinto de todos los demás pueblos, de modo que no hay dos pueblos iguales. Y un pueblo tiene una emoción. El de cómo corren las noticias por un pueblo es un misterio nada fácil de resolver. Las noticias parecen tardar menos de lo que tardan los niños en correr a contarlas, menos de lo que tardan las mujeres en comunicárselas por encima de las cercas"

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