"Seda" de Alessandro Baricco


Leo ésta creación que se desenvuelve entre cuento y fábula, ésta obrita de Alessandro Baricco que me recomienda una amiga recién conocida y que me recomienda con gran entusiasmo, ella la considera como una pequeña obra de arte, como una miniatura digna de admiración.

La historia es la de un hombre llamado Hervé Joncour, un hombre que se dedica al negocio de la compra de gusanos de seda en Oriente para comerciar con ellos en Europa, nos trae las imágenes de la ruta de la seda, de aquellas caravanas que dibujaban estelas de luz y color desde un lado a otro del globo.

No solo es una historia de amor, no solo es una novela de aventuras, no solo es una pieza de música que se baila con la lentitud y la armonía del erotismo y del exotismo de Oriente, es un ejercicio literario de luminosa melancolía.

Una pieza elegante y sutil que se lee con gusto en poco más de una hora, un metraje ideal para un viaje corto, para un rato sentado en el sillón donde viajaremos por el éter delicado que solo la alta literatura como ésta nos puede brindar, ahí lleváis un párrafo de la obra:

"El 10 de octubre de 1864, Hervé Joncour partió para su cuarto viaje al Japón. Cruzó la frontera cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, llegó a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba santo. Descendió por el curso del río Amur, bordeando la frontera china hasta el océano, y cuando llegó al océano se detuvo en el puerto de Sabirk durante ocho días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón. A caballo, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, y entró en la de Fukushima. Cuando llegó a Shirakawa halló la ciudad semidestruida y una guarnición de soldados gubernamentales acampados entre las ruinas. Rodeó la ciudad por el lado este y aguardó en vano al emisario de Hara Kei. Al amanecer del sexto día partió hacia las colinas en dirección norte. Contaba con un par de mapas aproximativos y lo que quedaba de sus recuerdos. Vagó durante días, hasta reconocer un río, y después un bosque, y después un camino. Al final del camino encontró la aldea de Hara Kei: completamente quemada, casas, árboles, todo.
No quedaba nada.
No quedaba un alma.
Hervé Joncour permaneció inmóvil, mirando aquel enorme brasero apagado. Tenía tras de sí un camino de ocho mil kilómetros. Y delante de sí la nada. De repente vio algo que creía invisible.
El fin del mundo. "

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me gustó "Seda" y me gustan todas las obras de Baricco, pero mi preferida es "Océano mar". Me encanta tu blog, así que ¡gracias por escribir!

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