Treinta años

Esta tarde harán treinta años que clavé la rodilla en el suelo, fue en un banco del Parque de Málaga, asistido por un aire cálido de una tarde como ésta de mayo, no sentí dolor porque sentía la alegría de mostrame ante ti libre de ataduras y dispuesto a gozar de un amor impulsado por los vientos del sur. Hace ya treinta años y no me arrepiento de haber clavado mi rodilla para decirte que te quiero, aquel banco ya no está, pero mi rodilla sigue aún dispuesta a seguir clavada en el suelo rendido ante tu fuerza y tu belleza.

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