"Hielo" de José Luis García Herrera




Vuelvo a releer “Hielo” el poemario del poeta catalán José Luis García Herrera premiado en 2011 con el Premis Rei en Jaume organizado por el Ajuntament de Calvià con la necesidad de volver a refrescarme con su abanico de frescura que calme ésta vida tan acaloradamente dispersada por la crisis diaría de la prima de riesgo y otras zarandajas tan imperiosamente presentadas en todo momento y a toda hora en nuestras vidas, vida de hormiguitas zarandeada por la mano invisible del mercado.

Leo a mi amigo cercano en la sangre de la tierra (los dos procedemos de la rica y fértil vega de Motril) a la vez que leo a mi amigo Blas de Otero en una Antología también para mi totalmente imprescindible para éstos momentos; dice el poeta bilbaíno que la escritura como la vida es viento ligero y que publicar es como columnas arrinconadas, muy cierto y tan cierto como la necesidad de asistir a aprender y disfrutar de la vida sorbiendo éstas columnas que la necesidad hizo dirigir en la mano de los poetas.

El poemario de José Luis García Herrera, como toda su obra, está marcada por la sencillez y la fuerza de la nostalgia, le evocación de imágenes que produce su lectura es intensa por la emoción y el equilibrio que dirige su pluma, de hecho éste “Hielo” contiene algunos poemas que nos inducen al rescate de algunas de sus estrofas para elaborarlas y recrearlas como propias:

“ Soy un naúfrago de nieve que huye sin documentos/frente a un mar con voces de sodio y de antracita/escribiendo la huella azul de mi silencio.” 

La orfandad del silencio y de la lluvia de los violines, el azul del mediterráneo que acompaña en todo momento al poeta, las voces del tiempo y de la nostalgia que siempre marcan los pasos de la vida en todo momento y en todo lugar.

Es hermoso el poema “La sombra del silencio”donde el poeta encuentra su destino en el propio naufragio de la soledad, pero una soledad no ausente de otras porque siempre el hilo inextinguible e irrompible le une a las almas de sus otros yo:

“la vida es un hilo de sangre que une dos silencios/ en la larga noche de las huellas sin nombre.” 

Y finalmente admite la pequeñez de su existencia con ésta estrofas magistralmente compuestas en una sonoridad y un ritmo extraordinario:

“soy huésped de mis ruinas. Todo lo que levanté/ no evitará mi pasaje al olvido, ni vendrán /caballos de la mar a calzarse mi nombre; allí/ donde aprende su lugar la sombra del silencio.”

Pero es en la ausencia donde el poeta encuentra su angustia más atroz y desesperada, allí  José Luis García Herrera nos muestra el mayor de sus poderes, la fuerza pura de lo poético, el equilibrio del dolor que la ausencia destila en palabras poéticas como en ése breve poema “Veneno”:

“No hay palabras que cierren/las heridas del silencio. Ni miradas/que escarben más allá de la sombra./El paso lejano de la noche/aviva el deseode la mujer que añoras./Besas el perfume caído en las esquinas/de las almohadas. No hay veneno/más amargo que el frío de la ausencia.”

Así hasta veinticinco poemas, en ellos encuentras el cuaderno de viaje de una estancia en el norte de Europa, es un cuaderno de la propia vida contemplada como verdadera aventura, donde el poeta capta la esencia de los instantes como dice la frase que acompaña a su último poema “A su manera”: “En lo profundo hallarás lo verdadero

Un poeta sin duda profundo y verdadero, donde como escribe finalmente: “No es el frío ni nel hielo lo que temo;/ni ésta ciudad de cielos cubiertos y brumosos,/ni esta casa pequeña y en penumbras. /Es otro frío más intenso y crudo. Es el hielo/abrazado al puente de todas las distancias,/el arco negro de la ausencia, a las cartas/que hablan de otgro mar y de otras plazas./En lo profundo hallo la razón de mis desvelos./Y así, conociendo el lado de las sombras/donde pierdo la fe de mis palabras,/he salido a recorrer esta ciudad con otros ojos/y he aprendido a amar lo que por distinto/no deja de ser hermoso a su manera.”

Es en la sombra creadora donde nos encontramos maestro, es  la umbría donde nuestras almas se encuentran y se reconocen, gracias por estar maestro, gracias por tener la posibilidad de acercarme a tu viento ligero aunque se encuentre arrinconado en columnas.

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