España, con México en el corazón

Dos publicaciones de forma reciente me han emocionado grandemente y me han hecho acercarme a ese país tan complejo, rico y extraordinariamente unido a España como México.

Una es el número 251 que el año 2011 Litoral le dedicó a la Literarura y el Arte mexicano, una revista que inició Emilio Prados con Manuel Altolaguirre en 1926 en Málaga y otra el dossier nº 44 de La Vanguardia "México en la encrucijada"que analiza de las manos de expertos la situación política, económica y social de los Estados Unidos de México.

Las relaciones de España y México son antiguas y estrechas, habiendo pasado por momentos de ruptura y de reencuentro.

No se puede olvidar que los exiliados españoles de mayor talla intelectual recabaron en México donde el presidente Lázaro Cárdenas se pronunció por la República.

Profesores, escritores y artistas de la talla de Prados y Altolaguirre, José Moreno Villa, León Felipe, Francisco Giner de los Ríos, Luis Cernuda, Concha Méndez, María Zambrano, Luis Buñuel y tantos otros le dieron a México una prestancia intelectual de primer orden y México les devolvió con creces su entrega con reconocimiento y admiración a su trabajo.

Tal vez sean las palabras de Moreno Villa las que mejor reflejen la relación con la tierra mexicana en éste fragmento de "México me va creciendo":

"  Al escritor le ocurre un fenómeno que tal vez no le ocurra a otro profesional. Se diría que todas las cosas del mundo se le adhieren y van creciendo dentro de él. Sale de su país con un bagage x de conocimientos; se interna en otro país y, al poco tiempo, se encuentra con que el almacén de su cabeza está lleno de percepciones, sensaciones y emociones nuevas que piden escape por la pluma.
  Al cabo de año y medio de residir en México se han apostado en  mi almacén, ciudades, amigos, monumentos, volcanes, platos típicos, semblantes, carreteras, ídolos, fiestas y modos de hablar, y por desgracia conflictos políticos, luchas sociales, noticias de crímenes y otras aflicciones.
  México crece dentro de mí. Me encuentro lleno de México como debe sentirse una madre en su noveno mes. Ycuando alguien me invita a decir algo de México, acuden: Veracruz, Pátzcuaro, Puebla, Cholula, Tlaxcala o El Mante, Xochipili, Cantú, Rivera u Octavio Paz, los mameyes, los zapotes, las papayas y las quesadillas como objetos en avalancha que pugnan por ser los primeros. Tengo la impresión real y fortísima de que todo un nuevo mundo ha crecido en mi alacena y de que si no lo voy sacando con aquellas notas suyas, que por peculiares me resultaron extrañas, se me van a convertir en cosas familiares o sea desprovistas de signos sorprendentes.
  Estoy ya en el período de amor a México, lo que quiere decir que he pasado del período de la sorpresa, aunque todavía me queden lugares de la República o notas típicas por conocer. Las casitas cúbicas y bajas exentas de todo adorno, que al principio me parecían africanas, y las casas un poco más ricas, de tipo colonial, rizadas en los perfiles de sus huecos y de sus azoteas, constituyen la única arquitectura posible. Claro es que por mi condición de español he de adherirme fácilmente a ciertas formas que son hispánicas. Esto explicaría mi rápida adhesión a los pueblos. Pero los pueblos como tantas otras cosas de México tienen en su forma o en su esencia rasgos que no son hispánicos y que sin embargo están adheridos a mí o acogidos por mí con calor entrañable"



"

Comentarios

Entradas populares