"El temblor del héroe" de Alvaro Pombo


El temblor del héroe

Alvaro Pombo (Santander 1939) es ya un escritor reconocido, de hecho con ésta novela alcanza el Premio Nadal 2012, sus ambientes son siempre los mismos: angustias existenciales, fracasos personales y personajes que rayan siempre la maldad absoluta, personajes insertos en una sociedad caduca, presos de una vaciedad y de una decadencia moral que les hace perder la confianza en si mismos. Los personajes de Pombo buscan  en el conocimiento de la filosofía y en la culpa ajena la que no quieren reconocer  en su propia vida, es el miedo a reconocer los errores.

 Los ambientes universitarios y homosexuales rondan siempre los aires de las novelas de Pombo como en ésta "el temblor del héroe”; sin duda el reconocimiento tardío de su homosexualidad le ha dotado a Pombo de una apetencia y una frescura para dibujar las relaciones homosexuales que nos alienta la curiosidad en la lectura, el certero análisis de las relaciones entre homosexuales de diferente edad en los que esa diferencia de años produce siempre una desigualdad de trato hacia el menor, convierte los relatos de Pombo en un acercamiento no solo a la sexualidad sino a la religión donde siempre la culpa recae en el menos culpable, el  inocente que consigue convertirse en el salvador de los males propios, es la en definitiva la fuerza del arrepentimiento final el que impulsa la supervivencia, el acto del sacrificio es la consumación del arrepentimiento como valor definitivo.

En “el temblor del héroe” Román es un profesor universitario que mantiene una relación con dos viejos alumnos ahora médicos traumatólogos, Elena y Eugenio, una pareja en la que la dependencia con Román los mantiene unidos, una tabla de slavación donde Román en el pasado se erigió en amante de Elena, ejerciendo una autoridad en el triángulo de relaciones. La aparición de Héctor un joven periodista que busca escribir las memorias del insigne profesor, provoca en Román un revulsivo para reafirmar su poder y confianza en si mismo, poder que se ha ido diluyendo en la relación con la pareja de alumnos. La súbita aparición de un amigo del joven Héctor, un viejo homosexual que mantuvo una relación de pederastía con Héctor llamado Bernardo y que irrumpe en la escena provoca el desequilibrio de Román en su preciso y seguro acercamiento al joven,. Bernardo y Héctor obligan a Román que le alquile la planta inferior de la casa del viejo profesor, provocando una situación con un desenlace inesperado y trágico.

La habilidad de Pombo en mantener tenso el relato estriba en un preciso uso del lenguaje, de los diálogos y en la facultad de crearnos siempre ambientes claustrofóbicos que nos envuelven como lectores de una forma continua. Los análisis de las relaciones emocionales entre los personajes de la novela están diseñados con exquisitez siempre por Pombo, creándonos una dependencia con cada uno de ellos y consigue extraer de nosotros como lectores nuestros más íntimos secretos, de hecho en más de una ocasión se siente uno sutilmente visceral, Román es malvado y Héctor es bondadoso, la culpabilidad y la inocencia quedan perfectamente delimitadas en ciertos momentos aunque continuamente se entremezclan para dar tonalidad a nuestro valores.


Destaco un párrafo que me parece ilustra mis palabras:


“El arrepentimiento es la poderosa fuerza de autorregeneración del mundo moral que opera contra su continuo entumecimiento.” Esta tarde de otoño, de vuelta en su piso, Román se siente entumido y envuelto en una antigua lucidez que-no deseando hacerlo-no tiene más remedio que denominar arrepentimiento. Se ve forzado esta tarde lluviosa (esta noche ya bien entrada, en el piso vacío que fue el receptáculo de su soberbia ilusión de plenitud y de seguridad de una jubilación que se le complicó más de la cuenta) a releer a Scheeler. En realidad Román no lee ahora a éste autor: es un lector desatento que hojea libros que leyó hace años, que subrayó entonces. La culpa es una cualidad, no un sentimiento. Con independencia de que uno se sienta culpable o no, la culpa permanece. Y Román sabe que es una característica profunda de la culpa el hecho de que se oculte a sí misma al crecer dentro del corazón a la vez que embota el sentimiento de que está ahí y de que es nuestra. Esta tarde Román se siente reflejado en esas frases abstractas: su culpa fue abandonar el entusiasmo que le condujo a ser un gran maestro de la filosofía y de la moral. De pronto se le enmoheció la voluntad. Y Román dejó que esto sucediera dejando a la vez de sentirse culpable. Todo lo ocurrido a partir de la visita de Héctor y la aparición de Bernardo se inscribe en este mismo ámbito de la dejación de responsabilidad. Al abandonarse, Román los ha abandonado a todos. Tiene ahora la impresión, análoga a la lluvia de que es lento, de que tarda mucho en entenderse a sí mismo, en entender a los libros, en entender a los demás, en entender el mundo.

Una novela bien escrita sobre la culpa y la inocencia, sobre la redención y el sacrificio, en definitiva una obra sobre lo humano y su relación con lo divino bien construida y de una terminación poderosa y explosiva.



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