Estambul, una ciudad de contrastes




Estambul está bañada por el mar, más bien el mar la atraviesa, parece como cortar la tierra separándola en dos continentes: la vieja Europa y el exótico Asia, es el Bósforo que conforma dos orillas a la cual más seductora, ambas llenas de palacios e iglesias, de ruinas de castillos, de masas de bosque que entretejen un verde tapiz en en la tierra. El Bósforo es un estrecho en el que el agua fluye desde el Mar Negro al mar de Mármara, el mar de mármol, el Bosforo es la puerta entre Occidente y Oriente, entre dos culturas tan distinas y tan distantes entre si. En Estambul la gente siempre es abierta, de corazón intrépido,  comerciantes y devotos, ciudad de esencias y especias, de silenciosos sonoros y sagrados, de bullicio y caos. Estambul es azul turquesa y verde, pero de miles de banderas rojas con una media luna y una estrella, de geometrías perfectas, de ruinas y angustias, es contradictoria y noble, sus habitantes han crecido desde un millón a quince millones en poco más de treinta años. Los estambulíes saben de su pasado porque lo llevan marcado en sus entrañas, saben de su grandeza pasada por eso son orgullosos, saben de sus debilidades por eso sonríen siempre. Estambul no se parece a nada y se parece a todo. Estambul es única. Estambul, una ciudad de contrastes.




Comentarios

José Luis Ortiz ha dicho que…
La nobleza de una civilización milenaria. Evocadora despcripción, Víctor... ¿para cuándo las fotos?

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