Altolaguirre, Don Juan de las imprentas



Altolaguirre, Don Juan de las imprentas.

Hace pocos años asistí en la Residencia de Estudiantes aprovechando una visita a Madrid,  a una conferencia de Pio Caro Baroja sobre Manuel Altolaguirre coincidiendo con una Exposición sobre su obra denominada”Las Islas invitadas”, Pío nos contó como coincidió con Altolaguirre en México en la grabación de una película del poeta, editor y director de cine malagueño.
Por aquél tiempo, Altolaguirre al que Pedro Salinas le llamaba “¡Don Juan de las imprentas!” cuando lo veía aparecer, estaba ya separado de Concha Méndez y estaba unido sentimentalmente a la cubana Mª Luisa Gómez Mena, una gran mecenas de la cultura. Mª Luisa enamorada apasionadamente del poeta estaba ya bastante cansada de los devaneos con el cine que sumían al poeta y editor en horas y horas de apasionado trabajo y que le reportaban a la cubana grandes pérdidas de dinero. Mª Luisa en una carta hecha pública a su hijo se queja de que Manolo anda siempre en su mundo, en un mundo de sueños, en las mismísimas nubes, afirma Mª Luisa, mientras que ellas se considera terrestre, demasiado terrestre para un ser tan soñador.
En la conferencia, Pío nos describió un incidente que nos ilustra lo relatado, Altolaguirre dirigió un rodaje y a la mitad del día cuando iban a cambiar el rollo, los técnicos del equipo de rodaje vieron con estupor y nerviosismo que habían estado grabando sin rollo, era tal el miedo que les entró que se lo ocultaron al director malagueño. Al final del rodaje, sin saber como decírselo, Altolaguirre se dio cuenta que querían decirle algo y no se atrevían, finalmente le dijeron:
-         Maestro, no sabemos como decirle un hecho muy grave, hemos estado rodando sin rollo, no tenemos ninguna imagen, ninguna escena.

Sonriendo Altolaguirre les dijo:

-         Jajajaja no importa, me di cuenta desde el principio, pero ¡lo hemos pasado tan bien! Ha sido mejor que sin rollo, pero por favor, que no se entere Mª Luisa que me mata.
En la Residencia los que asistíamos al testimonio de Pio Caro Baroja reíamos sin parar del ingenio, la gracia y la ensoñación de éste gran poeta tan olvidado por nosotros.

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