LA MEDINA DE TETUÁN Elogio de la luz y la sombra Exposición fotográfica de Pepe Ponce





PEPE PONCE
La Medina de Tetuán. Elogio de la luz y la sombra. Murmurios del tiempo

Asistir a la Exposición de Pepe Ponce en la Alameda Principal de Málaga, concretamente en la Sala de exposiciones de Cajamar es adentrarse a un espacio mágico y especial, la Medina de Tetuán es un laberinto de callejas, un universo de olores a especias y  materiales diversos, un crisol de lo nuevo y lo de siempre, de culturas abiertas y protegidas en el tiempo por la labor artesanal y delicada, por el hacer inmanente de los artesanos, es un bullicio de vida, como se dice en el título de la exposición, un elogio de la luz y de la sombra.

Recojo hoy mismo el catálogo de la Exposición y quedo realmente entusiasmado por las imágenes que me llevo a la intimidad de mi casa, además los textos de los siete comentaristas de la exposición me parecen de alta calidad, en honor a ellos, recojo unas breves palabras de cada artículo:

Llegó hasta una puerta azul con su escondido mar sobre el borde imperfecto de sus vanos trazado a la buena de Dios y visitó barrios, torreones, mezquitas, las tumbas de los mudjahidines granadinos, la fortaleza de Sidi al-Al-Mandari (fundador de la ciudad), el palacio del Bajá Ahmed Rifi, la madraza de Lucas; y a medida que iba recorriendo sus calles en adarve, el laberíntico mundo que se le ofrecía; oliendo a pan recién salido del horno, a pescado, a carne, a fruta y hortaliza; escuchando el vocerío de la gente, los gritos de los niños; observando las miradas huidizas detrás de las celosías o el rumor de una fuente manando su acostumbrada lentitud…Tanto deslumbramiento se le hizo inevitable.
Y se lo trajo hasta aquí, para contarlo y para que lo viéramos.
(“LA MEDINA DE TETUÁN o la eclosión de los sentidos” por Antonio Abad)


la Medina de Tetuán fue en la historia la puerta de entrada (y de salida) a África y no solamente a Marruecos. Convergen los estudiosos en afirmar que la ruta de comunicación de África Occidental con la vieja Europa (tránsito de ida y vuelta de culturas ancestrales y, por ende, de influencias multilaterales) queda aún como una investigación pendiente de extraer sabidurías que podrían ayudar, quizás, a redefinir no solamente Al Andalus sino también muchos significantes de la cultura mediterránea que penetraron tierras adentro de las “dos orillas”
(“LA MEDINA DE TETUÁN, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD”  por Francisco J. Carrillo)


Cuando recorremos hoy día las calles de la medina de Tetuán (declarada Patrimonio de la Humanidad) el espacio y el tiempo parecen detenerse. Lo público y lo privado siempre está fusionado con la preponderancia de lo privado. Ejemplo de ello es la conquista del espacio que lleva a las calles cubiertas, a los adarves y a las calles cerradas. La medina se organiza alrededor de la mezquita y de las puertas de la muralla y así se forman los barrios que se yuxtaponen y se seccionan a su vez por vínculos familiares o gremiales. Todo ello configura una geometría totalmente irregular pero perfectamente equilibrada.”
(“LA MEDINA DE TETUÁN Una historia compartida entre España y Marruecos” por Carlos Gozalbes Cravioto)




Así, volvió sobre sus pasos, rescató las luces y contraluces, buscó los mejores encuadres, y reunió en la memoria de su cámara los instantes y lugares que removieron su interior hasta las lágrimas. Y lo hizo en blanco y negro, que es el Ferrari de los fotógrafos, ese vehículo de transporte de sentimientos solo al alcance de los grandes profesionales. Y aquí está el resultado.”
(“LA MEDINA DE TETUÁN” por José Luis Gómez Barceló)


Cada día, la Medina, toma su hilo y escribe, enhebra con su aguja el mismo rostro del tiempo. Fiel a sus ojos, el único ojo por el que transita.
El sol, como un fantasma que se hubiera mantenido agazapado, arquea con su lengua, aristea con sus ojos, planea con su espalda, revelándonos su escondrijo.”
(“LA MEDINA DE TETUÁN Elogio de la luz y la sombra. Murmurios del tiempo” por Juan Ceyles Domínguez)


Colores del atardecer a la sombra de la vieja alcazaba y del ruinoso cuartel de Regulares, frenta a la majestuosa y omnipresente montaña Yebel Gorges. Aromas policromados de especias, exquisitos pasteles de nuez, almendra y miel, té verde, frutos secos a precios insinuantes, provocativos turrones blancos, sugerentes dátiles, incitadores higos secos, sonido de pisadas de asnos acarreando menajes y forrajes del campo, rincones y grandes puertas anunciando un palacio velado, saludos amables de la gente que deambula al ritmo del día, llamada del almuédano a la oración… Todo es sorprendente en ésta ciudad amurallada, con siete puertas de entrada y varias torretas defensivas, que envejece a un ritmo mayor que el de su conservación. Más de cien casas necesitadas de rehabilitación y un excedente de población superior a 50.000 habitantes (el doble de lo permitido) que, inevitablemente, debe reubicarse en viviendas extramuros.
(“UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA CIUDAD” por Diego Rodríguez Vargas)


Cuentan que las aguas subterráneas que corren bajo sus suelos, susurran a los amantes y les hablan quedas en lenguas que solo el amor entiende.
Es el alma la que se alborota, la que se cuestiona, la que se plantea el sentir de los sentidos. No hay métrica ni en la palabra, ni en el color, ni en las formas, ni en el espacio, ni en la luz ni en los sonidos, entramos en la órbita, en un movimiento de traslación, porque al final, sus rincones contienen lo más ignoto del espacio.”
(“LA MEDINA DE TETUÁN” por Juan José Ponce Sánchez)


 Siete puertas de entrada tiene la Medina  y siete autores que nos dan entrada de una forma sensorial auspiciada por el poder de la palabra a las imágenes seductoras de un fotógrafo que se trajo la luz y las sombras de un espacio único.



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