Eric Aman, creador de la belleza

Las creaciones de Eric Aman están siempre caracterizadas por el culto a la belleza clásica, son piezas pintadas o esculpidas con un técnica depurada producto de años de estudios en Francia e Italia, de multitud de obras de arte esparcidas por el mundo entero desde Montevideo hasta Siena y hasta en el mismísimo Vaticano existen esculturas suyas de siete metros de altura.

Eric desprende siempre un rostro y unas maneras juveniles y plenas de la energía que solo los entusiastas por la vida y por su trabajo son capaces de mantener. Hablar y saludar a Eric es saludar a la vida y gozar de una ráfaga de energía positiva y chocar sus manos es notar como la fuerza humana puede envolverse de delicadeza, transmite seguridad y confianza.

Paseando por el Paseo Marítimo de Pedregalejo de Málaga descubrimos una pizzeria-creperia llamada "La Cantinetta" donde nos sorprenden unos frescos de Eric pintados en sus paredes, son unos frescos de una naturaleza toscana, de elementos clásicos como columnas y acueductos, de un bello centauro y dos bellas  damas, un espacio de luz, una pared que nos seduce desde el primer momento y nos envuelve en el aroma subyugante y perturbador que el sereno clasicismo puede causar a un urbanita como yo relegado a la incultura más atroz de la actual civilización de consumo.

Si de alguna manera hubiéramos de clasificar a Eric Aman, habríamos de decir que sobre todo es un escultor, pero contemplar éstas pinturas es quedarse corto en llamarlo solo escultor, la elasticidad de su trabajo se rompe para iniciar nuevas andaduras con otros materiales, otras superficies, pero siempre con la delicadeza y el buen trabajo de hacer las cosas poco a poco, reposadamente, es así como sus obras son tan perfectas, son productos de miles de trazos finos y precisos, son miles de caricias y de captación de la materia y del tiempo.









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