Karmelo C. Iribarren, seguro que nos suena todo


Indudablemente hay un antes y un después de leer a Karmelo C. Iribarren por vez primera, al igual que lo hubo cuando leí por vez primera a Charles Bukowski porque en ambos casos la poesía se muestra de forma directa, descarnada y auténtica, es una poesía dirigida siempre al lado inteligente del lector, allí donde la inteligencia está o no está pero que  cuando se presenta lo hace de forma espontánea; los poemas de Karmelo se sitúan en los límites del instinto y de la razón, una poesía sin florituras ni artificios en donde esconder con la espesura de lo artificial la esencia del mensaje. Leer a Karmelo C. Iribarren es palpar lo real y cotidiano, acompañar la derrota en barras de bares, en mesas de café, sentado en los bancos del parque, son momentos donde nos reflejamos en los espejos del ahora nosotros mismos, nos identificamos en los fracasos y en las esperanzas que el poeta construye sin esfuerzo. Alcohol y tabaco son aditamentos que no faltan en las palabras de Karmelo, son como una segunda piel que definen los mapas y los espacios donde viaja con sus poemas, unos poemas que esparce al viento como granos dispuestos a alcanzar la polinización en el lector y hacerlo crecer al ritmo de las palabras.
Ahí os dejo uno de sus poemas:

POBRE TIPO

Encontrarte unas bragas
de tu mujer olvidadas
en el baño
y, sin poder evitarlo,
acercártelas a la nariz
Y olerlas.
                        Y enseguida
sentirme un tanto extraño
como cuando
te escondías a fumar.


¡Grande Karmelo!

Comentarios

Antonio J. Quesada ha dicho que…
Un abrazo fuerte, amigo Víctor, y que pases unos felices días.
Por cierto... Karmelo C. Iribarren es un referente para mí, me encanta...

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