"en pocas palabras" Pedro R. Arrabal


El lobo estepario

“Dice la ciencia que en siete años cada célula de nuestro cuerpo se ha renovado de manera que todo nuestro cuerpo es un cuerpo totalmente otro al anterior.  Menos mal que el cambio es gradual…  Y sin embargo seguimos siendo nosotros mismos.  Cambia la materia pero no la forma.  Sería interesante preguntarle a Aristóteles sobre esto pero no tengo tiempo… o más bien me sobra.  Me sobran más de 2.300 años”.
En fin, en estos perentorios pensamientos me encontraba cuando decidí sentarme a contemplar las olas.  El suave sonido de las olas y la brisa fresca llena de esencias salinas invita a pararse en cuerpo y alma, en materia y forma.
Pero entonces fue otra pregunta la que me acosó.  “El apego de uno mismo, el miedo, la inseguridad… ¿me impedirán cambiar la otra parte de mí mismo, la que no es cuerpo, si eso fuera posible?”  Estaba cansado de todo, agotado.  Sentía mi vida agotada.  La fidelidad a uno mismo ya me resultaba penosa.  ”El lobo estepario” me acompañaba cual Biblia en manos de un Testigo de Jehová.  Siempre que mi autoestima rodaba por los suelos me ayudaba a reenamorarme de mí mismo.  Siempre me he sentido identificado con el personaje y el autor.  Totalmente.
Y entonces cuando el hastío vital había llegado a cotas insospechadas, entonces cuando pretendía un suicidio espiritual, entonces cuando quise cambiar mi forma sin tirar mi cuerpo decidí suicidar mi libro-esencia.  Un vil asesinato pues aproveché que el lobo estepario no sabe nadar.  Como un discóbolo lancé el libro al agua y, pese a su intento de abrir sus hojas como si de alas se tratara, cayó sin el más mínimo chapoteo.  Poco a poco fue perdiendo la superficie hasta recalar en el fondo pedregoso.  La visión a través de las cristalinas aguas casi me invita a acompañarlo, pero mi característica hidrofobia no voló con el resto de mis identificaciones literarias.  ¿Puede un ser humano desprenderse de sí mismo a través de actos rituales, de actos simbólicos?  Eso dicen los antropólogos.  Yo únicamente tenía miedo al dolor, y lo desvié.  Entonces me sentí liberado de mí, del lobo estepario.  Me deshice de mi alter ego: Herman Hesse…, y sin embargo, nunca obedecí tanto como en esa ocasión sus liberadoras sugerencias

Comentarios

Pedro Ruiz Arrabal ha dicho que…
Vaya, ¡pero si soy yo! Bueno..., no está mal.

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