"en pocas palabras" Ramón Crespo




La palabra y la cosa

Después de escupir sílaba a sílaba cada una de las tres palabras, recuperé el aliento. Nunca más volvería a pronunciarlas, pasase lo que pasase. Aquellos adjetivos eran comodines que, por populares, desdecían de mi condición, me  había recriminado mi vecina la filóloga, quien además me aconsejó que usara sinónimos cultos o circunloquios  con eufemismo. Su nihilismo vital deriva de filtrar la realidad a través de esos tres conceptos negativos, me había diagnosticado un prestigioso terapeuta, quien además me recetó lítotes o antónimos con ironía. La empleada de mi hogar me resolvió esta terrible disyuntiva: cómprese el colchón de selenio que alterna sinónimos y antónimos cada luna llena.
Pasadas siete lunas, conseguí el automatismo verbal, dejé de tener problemas por llamar a las cosas por su nombre. Nunca más dije cutre, ni chungo ni cochambroso, pero ahora se me entristece el intestino, como si se me estriñera un poco el alma.
Ramón Crespo

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