Sobre el artículo "Literatura y crisis" de Joaquín Pérez Azaústre



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Ayer domingo día 27 se publicó en El País el artículo de Joaquín Pérez Azaústre “Literatura y crisis” que he leído con interés porque siempre me ha preocupado no solo la belleza de la palabra escrita sino también su  utilidad.

Pérez Azaústre del que me reconozco lector asiduo y amigo de la red, desarrolla su artículo manteniendo desde el principio hasta el final que no podemos obviar la situación de crisis social pero que el propio preciosismo de la poesía nos hace mejores y que esa capacidad de la poesía de apuntar de nosotros su mejor expresión es lo que nos hace transformarnos, de hecho a él autores como Claudio Rodríguez, Caballero Bonald o Pere Gimferrer le hicieron mirar al hombre que ahora es.

Joaquín Pérez Azaústre revela que la poesía de Pablo García Baena le ha hecho caminar por su ciudad de Córdoba como si fuera ella su propio poema andante, plástico y musical, pero también descarnado, preciosista  y barroco, interminable.

En un párrafo de su excelente reflexión concreta lo que considera es el acto de escribir en medio de ésta crisis social y económica:

Escribir como forma airada de insurgencia, porque escribimos siempre contra el convencionalismo del espíritu, su tristeza abatida y al alegría es el don natural del poema. Sin embargo, hoy como siempre, cómo desentrañar la narración sin partir del dolor: pero un dolor no solamente íntimo, sino también colectivo. Una desesperanza cívica que abate la posibilidad de rescatar nuestro viejo entusiasmo, pero que nos sigue volcando en la escritura”

Joaquín Pérez Azaústre afirma finalmente que ya tendremos tiempo de llorar y acordarnos de Larra, ahora, como siempre, escribimos para sobrevivir.

Coincido en todo lo afirmado por mi admirado escritor, la poesía transformadora es la fuerza vital que acompaña a la belleza dándole un sentido de utilidad tanto al creador como a los que admiran y gozan de su estética, la pureza de la palabra no está en ningún momento exenta de un sentido social; poetas como Gabriel Celaya o Blas de Otero no deben de ser menospreciados porque representan una reacción frente a una presión del sistema, una presión que inevitablemente produjo una poesía social necesaria. Tal vez no sea el momento aún, pero como dice Joaquín ya tendremos tiempo de llorar y acordarnos de Larra.

Felicito al autor de éste necesario artículo que nos incita al debate y la reflexión sobre la palabra, su uso y su utilidad.

Gracias Joaquín.

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