"El cielo protector" de Paul Bowles





“El cielo protector” es una novela de 1949 de Paul Bowles llevada con éxito al cine en 1990 por Bernardo Bertolucci e interpretada por dos actores tan consistentes como Debra Winger y John Malkovich. La novela relata la aventura de un viaje en el Sahara de un pareja: Kit y Port que junto a su amigo Tunner viajarán y vivirán las peripecias del desierto.

La novela fue elegida para ser comentada en nuestro libroforum de Pedregalejo en éste mes de febrero, dado que el día habitual de nuestra reunión (último jueves de cada mes) es festivo en nuestra Andalucía, se comentó el jueves 21 y me pilló descolocado porque creí que no nos juntaríamos hasta mañana día 27, en fin que se le va a hacer, me hubiese encantado hablar de ésta extraordinaria novela y excelente película, así como de una pareja tan carismática, pero la próxima vez será.

La novela es realmente un reflejo de las vidas de dos seres perdidos y solitarios que navegan en la angustia de la existencia y que quieren encontrarse bajo el manto de un cielo que les proteja de la vida que sobrellevan con desolación.

Kit es una escritora (que bien podía ser Jane Bowles) que se agarra a Port como amante y amigo íntimo y a Tunner de forma esporádica como compañero de viaje. Port es un músico (que bien podría ser Paul ) que busca en la soledad del desierto su destino sin retorno.  Es sintomática la escena en que discurre lo relatado de forma simultánea: Kit no encuentra sus gafas de Carey y se queja ante Port, y éste le responde que al le ocurre lo mismo con su pasaporte.

La diferente forma de ver su viaje queda plasmado en el siguiente pasaje donde Kit y Port se apartan de su compañero:

Poco después reemprendieron la marcha, pedaleando con determinación, con los ojos puestos en el hueco de la sierra que tenían delante. A medida que se acercaban, iban vislumbrando el desierto interminable y llano, interrumpido aquí y allá por escarpadas crestas de roca que se elevaban por encima de la superficie como aletas dorsales de peces monstruosos, todos moviéndose en la misma dirección. La carretera había sido volada en la cima de los cerros y las piedras habían rodado a ambos lados del corte. Dejaron las bicicletas a un lado del camino y comenzaron a escalar entre las enormes rocas en dirección a la cima. El sol estaba en el horizonte; el aire se había teñido de rojo. Al contornear una gran roca se toparon con un hombre que, sentado con la chilaba arremangada hasta el cuello, y por tanto completamente desnudo de hombros para abajo, estaba profundamente inmerso en la tarea de afeitarse el vello púbico con un largo cuchillo puntiagudo. Alzó la vista hacia ellos, los miró pasar con indiferencia y agachó la cabeza inmediatamente después para proseguir la delicada operación.

  Kit tomó la mano de Port. Treparon en silencio, contentos de estar juntos.

  - El crepúsculo es una hora tan triste- dijo ella poco después.
  - Si observo el final de un día, el día que sea, siempre siento que es final de toda una época. ¡Y el otoño! Más valdría que fuera el final de todo-dijo él-. Por eso odio los países fríos y me encantan los cálidos, donde no existe el invierno y cuando llega la noche sientes que la vida se abre, en lugar de cerrarse. ¿No sientes lo mismo?
  -Sí-dijo Kit-, pero no estoy segura de preferir los países cálidos. No sé. No estoy segura de no sentir que es un error intentar escapar a la noche y al invierno, y que si lo haces tendrás que pagar por ello de algún modo.
  - ¡Ay, Kit! Estás loca.

  La ayudó a trepar por la ladera de una pequeña colina. El desierto estaba directamente debajo de ellos, mucho más abajo que el valle desde el que acababan de subir.”

Paul y Jane Bowles vivieron en Tánger una vida alejada de sus Estados Unidos de América buscando diferenciarse de una sociedad que entendían apagada y moribunda, se instalaron en Tánger creando una vida llena de placeres y exotismo que fue intensa y plena pero también azarosa porque Jane tendía con frecuencia a la depresión, el amor que sentía Paul por Jane siempre fue absoluto y su relación iba más allá de lo normal, se desgastaban el uno en el otro, se entregaban y confiaban sus secretos sexuales, vivían una libertad plena porque les unía la literatura y la vida con la fuerza del viento del desierto.

Paul y Jane aunaron a su alrededor las visitas de los más disparatados y maravillosos escritores de su época, fueron cicerones de la llamada generación Beat,  como Truman Capote, Tennessee Williams o Gore Vidal, mediante las drogas y el alcohol disolvieron la identidad de la sociedad moderna en el exotismo tangerino.

En la novela Paul Bowles arranca en una habitación de un hotel donde los sonidos de la calle ocupan el aire interior, un aire  donde los sonidos del muecín se mezclan con la algarabía del mercado y con el olor a hachís, el viaje siempre es un viaje abierto al mundo buscando el manto protector de un cielo estrellado, tanto Port como Kit son dos “lonely star” o estrellas solitarias que no encuentran su rumbo, ni su lugar en el firmamento de sus propias experiencias, convierten sus carreteras de una road movie  en las arenas del desierto y se les dibuja para ambos un camino que cambia constantemente como lo hacen las dunas con el tiempo., pero que es un paisaje eterno como eternos son los silencios solitarios de sus almas atormentadas por el dolor de la ausencia y el desencuentro entre el placer y la realidad.

El escritor genera un personaje como Port que muere lentamente ante los ojos de su amada, es tremendo el momento de la muerte de Port:

De regreso en la habitación, volvió a cerrar con llave y se acercó a la ventanita. De un tirón arrancó la sábana que la tapaba. El muro de afuera se teñía de rosa a medida que el sol iba cayendo en el cielo; el rosa llenó la habitación. En todo el tiempo que dedicó al equipaje no había mirado ninguna vez hacia el rincón. En aquel momento se arrodilló y miró la cara de Port de cerca, como si no lo hubiera visto nunca. Apenas rozándole la piel, le pasó la mano por la frente con infinita delicadeza. Se inclinó más y apoyó los labios sobre sus cejas. Permaneció así un rato. La habitación se tiñó de rojo. Suavemente apoyó la mejilla en la almohada y le acarició el pelo. No derramó ninguna lágrima; era una despedida silenciosa. Un zumbido de extraña intensidad delante de ella le hizo abrir los ojos. Observó fascinada como dos moscas hacían el amor, breve y frenéticamente, sobre el labio inferior de Port.”

Es una escena terrible, dura e inolvidable, el tremendo amor lleno de silencio y angustia violado por dos moscas copulando en el mismo borde de la muerte
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Extraordinaria novela y fantástica película con más de cuarenta años de diferencia en su facturación, una novela y una película que nunca pasarán de moda porque son un dibujo exacto de la soledad de unas almas atormentadas.


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