Anaximandro y la cosmología del infinito: el arjé es el ápeiron


Anaximandro de Mileto (610 a.c.-546 a.c.) al cual vemos en éste detalle de la Escuela de Atenas de Rafael, es uno de los filósofos de Mileto discípulo de Tales de Mileto y por tanto dentro de los llamados presocráticos. A Aristóteles le debemos el habernos legado los conocimientos de los filósofos que le precedieron pues no dejaron legado escrito apenas.

Anaximandro es el filósofo que estudió la cosmología del infinito bajo la aparición de los contrarios y describe la formación del universo por medio de un proceso de rotación que separa lo caliente de lo frío. El fuego ocupa la periferia del mundo y puede contemplarse por los orificios llamados estrellas. La Tierra, fría y húmeda, ocupa el centro. Los primeros animales surgieron del agua o del limo calentado por el Sol, pasando posteriormente a la Tierra, y las personas descienden de los peces, es la anticipación a la teoría moderna de la evolución.


Se le atribuye un sólo libro que trata sobre la naturaleza, respecto a a la cuestión del arjé o principio del universo, el elemento primigenio, que no puede ser uno de los elementos conocidos (aire, tierra, fuego o agua) es ahora el ápeiron, es decir, la partícula sin límite (a-sin,peras-límite, perímetro), lo indeterminado, lo ilimitado, sin definición, inmortal e indestructible, a partir de la cual se general los cielos y los mundos que hay en ellos.


Ahora allí mismo donde hay generación para las cosas hay destrucción. Anaximandro se considera como el inventor de la cartografía.

Comentarios

Unknown ha dicho que…
Gracias
Francisco de Amorrortu ha dicho que…
Descubrir los enlaces, las transferencias de energías entre ecosistemas aledaños es lo que da soporte a la voz originaria “entropía”, (opuesto a lo que interpreta la termodinámica de cajas adiabáticas cerradas), refiriendo de lo que permite reconocer las diferentes transformaciones de estado sin aparente pérdida de energía. Sin embargo, la complejidad de esas transferencias y transformaciones reconoce límites muy delicados, que no son a inferir con extrapolaciones, ni con declamaciones holísticas. Lo que vincula a los ecosistemas no conforma ciencia. La raíz indoeuropea *skei, se reconoce en el verbo to scint, escindir, cortar y en estos límites opera la ciencia. La ecología de los ecosistemas es la hermana complementaria que hace la tarea opuesta: la que se aplica a descubrir cada uno de los enlaces y transferencias de las energías entre ecosistemas.
La voz apeiron en este sentido, antes que resaltar una negación del peiro (del transporte), es la afirmación del mismo; la que refiere de una operación sin límites otros, que la delicadeza bien ilustrada que les cabe a estas cadenas de transferencias.
Si la ciencia se pasó 500 años sin advertir el peso de las escisiones y hoy se descubre tapando sus abismos con el uso indiscriminado de la voz “ecosistémico”, no es de sorprender que las especulaciones alrededor del “to apeiron” de Anaximandro aparezca como lo que no conoce límites. Aquí lo presentamos como ampliando los límites. Límites que se reconocen en nuestra limitada capacidad de observación, respecto de una Füsis, que antes de aparecer traducida como “naturaleza” refería de la energía del brotar y florecer, que al parecer de Heráclito, amaba encriptarse. En el caso de la fotosíntesis que llena en cada primavera nuestros ojos de verdura, esa energía representa tan solo el 0,023% de la energía solar que llega a la Tierra. 1000 veces más –el 23%-, es la que va aplicada al movimiento de los fluidos y jamás la mecánica de fluidos le reconoció a los flujos ordinarios de los ríos de llanura la más mínima participación en sus dinámicas, siendo el caso, que es la única que se ocupa de toda la tarea. Aquí ya vemos, que los abismos de la filosofía y las interminables hermenéuticas semiológicas ningún servicio le han prestado a la ciencia para despertar y animarse a descender a estos abismos, en trascendencias, que superan los límites de cualquier perplejidad y asombro, y que hoy y desde hace 33 años se traducen en elocuente y universal silencio. Ver confesiones de Sir James Lighthill en 1986.







Francisco Javier de Amorrortu famorrortu@telviso.com.ar
siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
Gracias por tan eruditas observaciones

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