"Casillero del diablo" de José Carlos Rodrigo Breto



Casillero del diablo” de José Carlos Rodrigo Breto


Cuando una novela se escribe en 35 días tras cuatro años sin haber parido otra, cuando un escritor sufre y disfruta plenamente de su escritura y tiembla y goza y no duerme y pone el alma y su dolor en cada golpe de teclado, es cuando queda lo creado como con la valentía de algo para llamarlo así:  “Casillero del diablo”, que es el nombre de un vino y de un apartado de la vida donde el dolor y el insomnio son los componentes esenciales de la creación literaria.

Como el mismo autor dice en su obra:

Era cierto había vuelto. Porque soy una serpiente de palabras, me alimento de ellas, las mastico lentamente hasta convertirlas en una bola húmeda y repugnante que me trago con esfuerzo. Con esfuerzo pronuncio palabras, puedo decir mucho, puedo decir poco, a veces no digo lo bastante y otras digo más de lo necesario, pero nunca supe articular a tiempo lo que debía, ni callar a tiempo lo que necesitaba permanecer en silencio. En silencio cada palabra  dicha es un dardo envenenado, cada palabra callada es un lacre en el corazón, cada frase escuchada es un puñetazo en el alma y una patada en el orgullo. En el orgullo puedo escribir mucho, puedo escribir con sangre, con odio incluso, pero no conseguiré nunca nada, así. Así puedo escribir por ti, por mí, por todos nosotros, pero jamás recuperaré lo que tanto quise y nunca pronuncié. Nunca pronuncié lo que tanto quise y nunca supe retener con que apenas una palabra-la adecuada-saliera de mis labios. De mis labios puedo escribir mucho, puedo escribir poco, puedo escribir. Puedo escribir, pero todas estas palabras no conseguirían dar ni una pequeñita llamarada fugaz de luz a mi corazón porque soy una serpiente de palabras, me alimento de ellas, las mastico lentamente hasta convertirlas en una.”

José Carlos Rodrigo Breto es un escritor apasionado por su trabajo, perfeccionista y joven siempre joven, aunque en su creación  a veces destila la desesperación de la frustración, es rabia lo que a veces trasluce de forma inevitable, sus rasgos de escritura parecen casi paranoicos con obsesiones que se repiten constantemente: sus aparentes  desdoblamientos de personalidad entre un contemporáneo y amigo de Kafka (K. como él lo llama) al que el escritor le robó “la metamorfosis” y un suboficial nazi que anduvo en campos de concentración, sus insomnios aliviados por el tabaco y el alcohol, sus visiones repentinas y lúcidas de las ratas del subsuelo, su rechazo a la poesía que lleva dentro como si fuese producto de una repulsión ancestral, sus idas y venidas con amores imposibles que son y luego no lo son, etc.  son todo rasgos de una genialidad que tiene como sustento fundamental su amor por la palabra y por la verdad.

“Casillero del diablo” es una novela que se lee con apasionamiento y diría que con reverencia por alguien como yo que soy poeta y amante de la palabra así como amigo suyo, me recuesto en párrafos como éste:

Un día, por unos instantes, Berlín tuvo mar. El mar de tus ojos que desde la ventana se proyectaba sobre el Spree, el mar de tu pelo que caía en cascadas sobre la almohada, el mar de tu nombre sobre el que nadé para extinguirme en sus orillas. Berlín-unos segundos-tuvo mar, inundó con las ondas de tus labios la Puerta de Brandeburgo, anegó con las olas de tu cuerpo las escalinatas del Reichstag. Las mareas de tu corazón, las sístole y la diástole que marcaban bajamares y pleamares, bajamares y pleamares en los que dulcemente me dejaba mecer, en los que plácidamente me dejaba ahogar…”

Una novela intensa y escrita con valentía y maestría, una novela escrita con las entrañas y la cabeza bien estructurada, una novela rica en matices y de una fuerte hondura, una novela excelente en su conjunto.

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