"Los soldados" de Pablo Aranda





“Los soldados”, un título que no parece puesto demasiado al azar, de hecho la palabra soldado es de una familia que incluye a otras como sueldo o soldada, soldar o unir, restañar, solidaridad o sólido, es decir compacto, y era hora ya que Pablo Aranda decidiese hacer ésta novela que es de una solidez realmente incuestionable.

“Los soldados” es una novela de un autor que nos impresionó con aquél la “La otra ciudad” que de tanto lirismo y compromiso social nos inundó en su lectura, luego descubrimos su anterior “desprendimiento de rutina” plagada de humor inteligente, una novela corta contundente.  Tras “el orden improbable” y “Ucrania” que no llegaron a la altura de las anteriores, recientemente nos sorprendió con una novela para niños y no menos niños “Fede quiere ser pirata” y por fin “los soldados”, una novela con letras mayúsculas, un relato que nos deja impregnados de luz dentro de unos los claroscuros que Pablo dibuja magistralmente en las relaciones de unos personajes que permanentemente buscan algo que restañe sus heridas de ausencias y frustraciones del pasado.

La trama se desarrolla entre Málaga y Bilbao, 750 km de distancia de dos puntos de la geografía peninsular que son escogidos por el autor para describirnos las aventuras de unas personas enlazadas por pertenecer a la guardia civil, a la misma familia o a uniones sentimentales. Son aventuras que todos podemos tener, de ahí una de las grandezas de la novela, la cercanía al lector, la capacidad de Pablo de haber dado en el clavo en cuanto a la implicación del lector en la trama. Ya lo dijo Franklin: díselo y lo olvida, enséñaselo y lo recuerda, involúcralo y lo aprende.

No voy a desvelar la trama y el desenlace porque ya he aprendido que eso está prohibido en una crítica literaria, lo he aprendido de mis propios lectores, por ellos, solo adelantaros que los protagonistas principales, Fran y Mónica, el hermano de Fran, Oscar, Carmen y Luis, hermana y cuñado de aquellos, son empujados por la vida con un destino común: ser soldados, constituirse en un batallón frente a los problemas comunes que se entremezclan inevitablemente y que incluye la muerte de un sargento de la guardia civil en el que todos ellos se ven involucrados de una forma demoníaca y que originará un desenlace brillante e inesperado.

Para que os hagáis una idea de la prosa ágil de Pablo os dejo el siguiente párrafo de la novela:

Señala Mónica hacia la ría, la limpieza con la que las piraguas rayan la superficie del agua, el movimiento exacto de los remos, la rotura del agua sin violencia, el agua que recupera inmediatamente su forma plana, como la ciudad, recuperada inmediatamente de la muerte de un guardia que ya solo muere para mí, ¿por qué?, ¿por ser hijo de guardia civil?, mi corazón duro como el patio de una casa cuartel, o porque la muerte de éste sargento la hostiga, sí, eso es, murmura, y Mónica pregunta ¿qué?, y Fran la mira un momento y le dice, pero qué tiene que ver la muerte del guardia civil conmigo, ¿por qué me dicen que venga?, y Mónica le pregunta si tiene miedo y él dice que no, miedo no, o sí, pero otro miedo, el miedo a saber algo que ya me persiga para siempre, el sargento muerto siempre conmigo va, por algo que no alcanzo a entender aún, si no por qué iba a tener que venir yo aquí, de esta manera, ¿entiendes Mónica?, yo quiero venir a Bilbao pero de otra forma, porque un día tú me digas si me apetece conocer tu ciudad y tu gente y palabras en euskera, pero no así, porque he sido yo el que te he dicho que vengamos porque un oficial de la Guardia Civil, Lozano, me dice que venga, y junto a una plaza con el centro ajardinado se detiene el autobús y Fran mira el escudo de otra España que ya no existe, el águila que ya no se ve en ningún sitio y está precisamente aquí, en Bilbao, y Mónica le coge por la cintura y le pide que deje de martirizarse.

Fran descubrirá el porque de sus temores, y nos asombrará porque la novela de Pablo Aranda nos asombra en cada momento, nos irá descubriendo como las miserias humanas se entremezclan con las grandezas en una mezcla que puede ser explosiva, un explosión que puede descontrolar la voluntad de cada personaje de un destino viable, un camino tranquilo y sosegado, porque  a veces la vida nos obliga a reconducirnos, siempre la vida nos obliga a ser soldados para seguir vi viviendo, lo que debe tener un soldado o se le supone es valentía, como valentía ha tenido Pablo Aranda para configurar una historia dura pero como la propia vida no exenta de dulzura.

 Lectura muy recomendable.



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