"La mujer que llora" de Zoé Valdés



“La mujer que llora” de Zoé Valdés

Retrato de una época, el París del comienzo de la segunda gran guerra mundial, el dibujo obsesivo y admirado de una mujer Dora Maar que durante diez años fue musa de Pablo Picasso, un libro que es novela y no lo es, es biografía en forma de tango, es un intento de “amarrar” entre los pinceles literarios de una cubana delicada y estilista llamada Zoé Valdés, ocho días en Venecia donde Dora Maar y sus amigos James Lord y Bernard Minoret allá por los años cincuenta, rememoran sobre Picasso, porque Dora Maar siempre amó a Picasso, lo quiso hasta la extenuación, hasta la locura, “Je n’ai pas été la “maitresse” de Picasso, il fut mon “maître”.” (yo no fui la querida de Picasso, él fue mi maestro) afirmaba Dora Maar.

Les unía el idioma, les unía la pasión, les unía el que ambos eran creadores, Dora Maar era una entusiasta fotógrafa, se querían, se admiraban, se insultaban, porque lo que les unía fundamentalmente era el sexo. No es nuevo el frenesí sexual del pintor, la necesidad diaria de ración sexual que necesitaba sin remedio, Dora le suministraba dobles y triples raciones, lo que más le gustaba a Picasso de ella es que era un hombre, finalmente Picasso prosiguió con sus veleidades con las mujeres y eso sacó de quicio a Dora.

Las figuras de Paul Eluard, Georges Bataille, Jean Cocteau, Andre Breton, Max Jacob, Wifredo Lam o De Chirico quien llegó a afirmar que Eluard y Picasso eran unos cretinos místicos, sobrevuelan la novela de manera a veces fugaz y en otras ocasiones con consistencia y perdurabilidad; porque la novela, estructurada en cuatro partes: “Los ardientes pensamientos”, “Todo lo que quise llorar lo he escrito”, “Extractos de todos esos silencios” y “La última palabra y el último rezo” está escrita con continuos cambios de tiempo: los años treinta en París, el viaje de ocho día a Venecia de Dora Maar con sus amigos en 1958 y el París actual donde Zoé busca las raíces de la historia de Dora. Estos continuas idas y venidas, los flah-back continuos determinan una estructura a veces irregular e inconsistente, al menos para la dificultad emocional de un hombre como yo. No dudo que la cartografía emocional de la novela guarde un diseño especial para lectores que sepan sentir y captar fácilmente estos aspectos emocionales, cosa que reconozco a mi me cuesta.

El sentido trágico de Dora está incuestionablemente recogido en la página 159 de la obra:

No lo negaré, porque nadie habrá pasado por alto que el centro de mi obra, el núcleo de mi vida, ha sido la imagen retorcida de la tragedia, que no llega a serlo en todo su esplendor, porque nunca fui lo suficientemente valiente, ni por el contrario puntillosamente metódica, para equilibrar la solidez del arte y la aventura del amor. Dos fuerzas contrarias, que juntas unidas en un forcejeo delirante, destruyen la espontaneidad y la libertad de los seres frágiles y conforman así, la verdadera tragedia que es la perdurabilidad de las hostilidades

Zoé Valdés, en comunión con Dora, entiendo absorbida y penetrada por el espíritu indomable y sufrido de Dora escribe una reflexión personal que llama mi atención (página 322):

“La vida de una mujer es una perfecta letanía, similar a una fuga de Bach, esencialmente invariable y que se escapa in crescendo hacia ninguna parte, hasta que en un punto todo se desmorona y nada vuelve a ser como antes. Nada de esa partitura infinita que se supone que es la vida, ninguna melodía se repite, ni siquiera una sola y vacilante nota”

Zoé Valdés que la tuvimos con nosotros en Málaga el Viernes pasado 22, por cierto como ella señaló cumpleaños de Dora Maar, nos habló de la relación entre lo que se escribe y se siente con respecto a los que nos ocurre en la realidad de la vida, así nos dijo que recientemente se había separado y había sufrido y llorado en una especie de plasmación de lo novelado a la realidad de su propia vida.

Para finalizar os dejo esta otra espléndida reflexión de Zoé sobre la literatura (página 263):


La vida es un cúmulo de coincidencias, y la literatura se aprovecha al máximo de ellas y las convierte en azares concurrentes y ocurrentes. Al final, las lanza a la laguna ennatada de los recuerdos. Solo pescándolas y lustrándolas hasta que queden bien pulidas, se convertirán en un único suceso con un extraordinario sentido común hilado por las palabras.”

Intensa y hermosa tarde la que pasamos en Málaga con la escritora y las interesantes aportaciones sobre Picasso y Dora a cargo de Rafael Inglada.





Comentarios

Guillermo Iglesias ha dicho que…
Excelente recomendación, Víctor. Me refiero a la autora (no leí aun "La mujer que llora")y a la línea argumental que tu generosa nota deja entrever. Zoé Valdés es, junto a Muriel Barbery, una de las voces más potentes de la literatura de estos días.
Un abrazo.
siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
Gracias Guillermo, ya sabes que valoro mucho tus apreciaciones, es realmente una buena escritora.

Un abrazo colega.
siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
Por cierto, ¿qué tal por la fragua?
Guillermo Iglesias ha dicho que…
Lo ignoro, Víctor. Asumo que ha mejorado con mi ausencia

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