Postal matinal de Pedregalejo





Las luces brillantes en la arena, la mar resbalando por el rebalaje y en la orilla con suavidad el pescador devuelve generosamente el alimento sobrante donde las gaviotas acuden agradecidas al festín de la vida;  mientras, me acerco y los nervios desatan el desconcierto, ¡no te acerques tanto! me dice le pescador, no se fian. Los buzos con sus botellas de oxígeno se sumergen en el espejo de agua de una mar en calma y en la otra orilla distante pero cercana, una mujer extiende sus brazos buscando el equilibrio de lo infinito. Salto sobre las rocas con la agilidad de un gamo y me enfrento al viento. Siento ser parte de un todo en equilibrio inestable con un fugaz instante de felicidad.

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