"El juego del ajedrez produce monstruos" sobre la exposición de El Roto en el CAC de Málaga por Fernando Francés

El juego del ajedrez produce monstruos


(A propósito de la exposición de El Roto en el CAC Málaga)

El siglo XIX, especialmente su primera mitad, ha sido el periodo de la historia del arte en el que más innovaciones técnicas y conceptuales se han acumulado. Realmente ha sido un periodo muy corto de tiempo pero ha cambiado la concepción del arte, su sentido, su intención, sus formas, posiblemente para siempre. Y de todas las múltiples novedades hay una aportación que me resulta, sin duda por su influencia en la propia historia del arte, la más relevante. Me refiero al aspecto conceptual de la obra. La idea por encima del objeto. Simón Marchán reflexionó sobre este aspecto en un libro verdaderamente esclarecedor: “Del arte del objeto al arte del concepto” en el que repasaba cómo había evolucionado el arte en el siglo XX desde lo material y la representación a un tipo de arte en el que esto ocupa un segundo nivel de importancia porque el arte se sostiene en el intelecto, en la memoria, en las ideas y no en la artesanía, en la cocina, en la habilidad o en la mera representación de la realidad. Ni siquiera en cómo ésta se presenta tamizada por la sensibilidad del artista. Son realmente las ideas del artista lo importante del arte y no la impresión que la realidad cause en el artista. Esta gran influencia del arte conceptual ha restado también importancia al estilo del artista y a la técnica. Hoy sería difícil de discutir de arte sin la premisa consensuada de que el arte es un compendio de estructuras mentales, me atrevería a añadir que cultas, en el que juega un papel fundamental el pensamiento del creador. Son las ideas del artista las que deben cambiar el mundo y no las del político. Y es ahí donde el papel, la función también definen al artista hasta el punto de constituirlo por sus obras en un ejerció de obvia influencia lacaniana.

Precisamente ese aspecto me hace recordar una escena de la película “El séptimo sello” que diserta sobre este asunto. En su periplo de vuelta de las cruzadas, entra un caballero y su escudero en una iglesia y este último inicia una conversación con un artista que está pintando un fresco en los muros interiores representado la muerte. El escudero le dice que asustará a los feligreses y el artista responde que porqué demonios hay siempre que alegrar a la gente, que también conviene asustarles de vez en cuando y que una calavera resulta más interesante que una doncella desnuda. El escudero insiste en su tesis: tú les metes miedo y les obligas a que reflexionen y… si reflexionan aún tendrán más miedo. El artista contesta: eso no es de cuenta mía, este es mi mural y lo que pase no es mi problema… además siempre es más desagradable el recuerdo de la muerte como dulce es la vida hasta que se presenta la peste… hoy llamada también crisis.

Por ello es difícil entender hoy al artista sin esa carga conceptual que ya tenía el pintor de la edad media. Una vocación independiente y propietaria sólo de la obra no de sus consecuencias. Y ya fuera está pintada en un muro de iglesia o impresa en un periódico de difusión masiva o por Internet. Ese es una aspecto que siempre me impresionó del seudónimo El Roto que pertenece al también pintor Andrés Rábago. El artista tiene en este territorio una capacidad poco usual para analizar los acontecimientos cotidianos y lanzar en sus obras frías, austeras, sobrias, un mensaje a modo de reflexión. Y posiblemente poco le importan las consecuencias mundanas de sus actos creativos. Posiblemente el artista esté intentando, como un profeta, lanzar opiniones que hagan reflexionar al espectador sobre el mundo y sus delirios, sobre la sociedad y sus enfermedades. Y éstas precisamente son los cuatro grandes apartados de la exposición en el CAC Málaga. La ciencia; el medio ambiente y la ecología; la violencia y, la economía y la política. Estos cuatro grandes temas sirven a El Roto para diseccionar algunos de los problemas que más le interesan y de los conflictos que le preocupan. A modo de espectador librepensador sobre el mundo, él reflexiona sobre consecuencias que como los feligreses del medievo al temor de enfrentarse a la muerte con pecados graves, le aumentan el miedo y quizá de ahí surjan conciencias de cambio, de revolución o de evolución. Cada serie termina con una obra que representa un caballo de ajedrez que es clave para entender la representación de que el final está siempre presente y que indefectiblemente llegará tarde o temprano y que como la muerte puede alargarse con ciertos trucos pero su llegada será siempre incuestionable.

“El séptimo sello” obra maestra de Ingman Bergman reflexiona el rol y el papel del ser humano ante la muerte. El protagonista, un caballero que regresa de las cruzadas abatido al darse cuenta que fue una pérdida de tiempo absurdo, luchar contra otros hombres simplemente por el orgullo y la religión, juega una partida de ajedrez con la muerte para aplazar la vida hasta el momento de poder regresar a su casa y en ese recorrido tenerla oportunidad de hacer algo realmente heroico que justifique su existencia. La muerte hace todas las trampas posibles para llevarle con él como es obvio y el propio reto de jugar una partida es ya una cierta victoria para el caballero que al menos consigue distraer a la muerte un tiempo. En ese periodo solo consiguen escapar de la trampa que ha preparado la muerte una familia de titiriteros, de juglares de alma pura. Y es precisamente son la capacidad visionaria del juglar, su independencia, su libertad y su creatividad, las que le hacen ver los peligros antes que el resto de las personas y así consigue salvar a su familia. Esas visiones son la consecuencia de la reflexión, del pensamiento y de la meditación. Esta metáfora está hoy más presente que nunca en el mundo en el que vivimos. Y precisamente Andrés Rábago es un artista que,desde hace años, dedica gran parte de su existencia a la meditación, lo que estructura su mente desde la pureza que garantiza una visión independiente y libre.

El Roto puede resultar descarnado, incómodo siempre ( ya le advirtió la mujer del juglar a éste que a la gente no le gusta la imaginación), pero sin duda juega un papel muy semejante al del juglar o al del bufón, verdaderamente necesario en la sociedad actual. Nos ha tocado vivir un mundo en el cual el poder se oculta en cada esquina, en cada decisión, en cada gesto, en cada mensaje aparentemente independiente y libre pero demagógico. El juglar sin embargo como el artista actúan y pintan sin la intención de domesticar o adocenar, aunque sus pensamientos puedan generar notables impactos en la mente de quienes comparten su trabajo. Y como el caballero, El Roto no pretende creer sino entender, y de ahí sus pensamientos continuos a modo de dudas razonables que requieren de una estrategia como el ajedrez bien para vencer a la muerte o para evitar que ésta acabe con el mundo en un Apocalipsis que no tiene porqué llegar. Pensar es necesario para hacer un mundo mejor y también para el arte para que no pierda su interés y uno de sus razones de ser, de sus cualidades. Pero como reflexionaba el escudero: por muchas vueltas que le demos, el trasero siempre está detrás… una verdad innegable, como lo es el sueño de la razón


(FERNANDO FRANCÉS) 



Os recomiendo mi entrada en este mismo blog del 7.1.2013 sobre OPS-Andrés Rábago-El Roto.

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