"Tarde o temprano" de José Emilio Pacheco, la ética frente al lenguaje





JOSÉ EMILIO PACHECO, la ética frente al lenguaje

“Tarde o temprano” constituye la antología poética del poeta mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) y recoge catorce poemarios escritos entre 1958 y 2009. Durante prácticamente dos meses me han estado acompañando allá donde iba, más de 800 páginas de una elegante y cuidada edición de Tusquets editores.

Pacheco se me descubre como un poeta excelso por su cotidianidad y su ética ante el acto de escribir, erigiéndose en un escritor directo y lleno de un lenguaje coloquial donde prima el mensaje y su elegancia ante los devaneos frecuentes de poetas que intentan demostrar artificialmente el dominio de la técnica poética.

Desde el principio de la antología con “Los elementos de la noche” (1958-1962) o “El reposo del fuego” (1963-1964) la poesía de Pacheco posee la rara habilidad de atraparnos en su concierto de la naturalidad de las palabras, de la armonía sencilla que desgrana los sentires con la valentía de lo inmediato, de los simple y humilde que se nos destaca en un alma llena de pureza y verdad.

Con “No me preguntes como pasa el tiempo” (1964-1968) nos rinde la hermosura de una hormiga o la belleza útil de las pinzas de un cangrejo. El valor del sentimiento poético desnudo ante el continuo descubrimiento de la naturaleza, siempre tan cercana, tan viva y rica de complejidades para el poeta que nos ensalza sus diversidades, haciendo la lectura tremendamente atractiva. Como lector  encuentro en el poeta la exaltación de la contemplación inmediata y profunda, la curiosa profundidad y el rigor absoluto.

Con los sucesivos poemarios de “Tarde o temprano” como “Irás y no volverás” (1969-1972) “Islas a la deriva” (1973-1975) “Desde entonces”(1975-1978) “Los trabajos del mar” (1979-1983) “Miro la tierra” (1984-1986) “Ciudad de la memoria” (1986-1989) “El silencio de la luna”(1985-1996)”La arena errante” (1992-1998) “Siglo pasado”(1999-2000) “Como la lluvia”(2001-2008) o su último “la edad de las tinieblas”(2009) Pacheco sabe alcanzar con asombrosa continuidad el entendimiento con la búsqueda y el inteligente hallazgo  de las semejanzas, sabiamente es capaz de mostrarnos una salida al laberinto existencial de la soledad y la angustia. Pacheco nos ofrece como salida la oscuridad y el silencio de la reflexión y la contemplación, una salida airosa y fresca siempre, porque el aire que rodea la poética de Pacheco es pura ternura, es solución, es desgaste del tiempo que florece en conocimiento.

La poesía de Pacheco es puro deslinde de la amargura, límites que se nos marcan sin más elementos decorativos ni más alambradas que la propia desnudez de la naturaleza humana, llena siempre de claroscuros.

La humanidad de Pacheco destaca siempre por encima de su prosa y nos inunda de sabores variados y complejos, nos somete a las dudas y certezas de nuestra propia naturaleza que queda en el descrédito ante el resto de los animales que son útiles, nos transmite las enseñanzas de nuestras propias limitaciones reflejadas en el espejo de los animales y de las cosas temporales o los elementos nos fortalecen y nos dan clarividencia.

La sabiduría de Pacheco es tal que nos alcanza a lo más hondo de las entrañas haciendo temblar nuestras propias raíces por el misterios que vamos resolviendo, porque si algo tiene el poeta mexicano es su capacidad de involucrarnos en todo aquello que nos cuenta.
La poesía de José Emilio Pacheco, nos despierta, muy de largo, de nuestro continuo letargo, para mostrarnos con su índice indiano el único sentido válido, el del viento del conocimiento.

“Los versos de la calle”

Hay demasiados versos en el mundo. Como el canalla que engendra y abandona, echó a andar otro atajo aunque nadie lo exija ni lo espere. Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran.
“En su desamparo los versos se drogan aspirando la Nada y se quedan inertes en la esquina. Algunos de dan valor para entrar en lugares públicos. Tampoco allí los toman en cuenta y el personal los expulsa de mala manera.
“Entonces suben los vagones del Metro e intentan pregonar su mercancía entre la hostilidad, el desprecio o cuando menos la indiferencia de los pasajeros. No les queda más remedio que entrar en las casas cuando nadie los ve y tratar de abrirse camino en los ojos, el oído y la mente de quienes no los han invadido.
“Cómo no vivirte agradecido si tú los recoges por un instante y los vuelves parte de tu voz interior, de tu respiración y el rítmico fluir de tu sangre. Al menos por esa noche los versos de la calle, los hijos de la inconsciencia y la intemperie, están a salvo. Mañana quién sabe. Sólo hay algo seguro: dentro de poco ellos también se habrán evaporado. Nuevas legiones atestarán las ciudades.”


(De “la edad de la tinieblas” 2009)

Víctor Pérez- Málaga a 25 de marzo de 2014.

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