"El olvido que seremos" de Héctor Abad Faciolince


El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince

Hector Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958) es un escritor a la estela de los novelistas que, como García Márquez, tiene el don de contar. Con la prosa de Héctor Abad nos trasladamos a la magia del ritmo y la poesía oral, al misterio encerrado en la palabra que se nos transmite desnuda y cálida, tierna y sincera, pero desgarrada por el dolor de la vida que, en el caso de Héctor Abad se centra en el inmenso e inhabitual amor, un amor ancho, amplio y total a un padre que le enseñó la fuerza de la palabra, de la poesía y de la vida y al que pierde asesinado por los paramilitares colombianos.

“El olvido que seremos” es la necesidad de alimentar el futuro del escritor con una novela liberadora, la necesidad de un  hombre de expiar el enorme sentimiento de culpa por la muerte del padre, la necesidad de hacer justicia con el relato cierto de los hechos; hechos que dictaminaron la muerte de un ser manso y valiente, de un luchador incansable por la tolerancia y la libertad, además de un médico que salvó innumerables vidas.

Héctor Abad guardó durante años la camisa ensangrentada que recogió del cuerpo de su padre cuando fue abatido en una calle de Medellín. Así dice en un párrafo de los hechos:

Guardé en secreto, durante muchos años, esa camisa ensangrentada, con unos grumos que se ennegrecieron y tostaron con el tiempo. No sé porque la guardaba. Era como si yo la quisiera tener ahí como un aguijón que no me permitiera olvidar cada vez que mi conciencia se adormecía, como un acicate para la memoria, como una promesa de que tenía que vengar su muerte. Al escribir este libro la quemé también pues entendí que la única venganza, el único recuerdo, y también la única posibilidad de olvido y perdón, consiste en contar lo que pasó, y nada más.”

Es tal vez el mejor testimonio que guarda el secreto de la confesión, porque Héctor Abad Faciolince descubre sus entrañas en el relato de su vida, de una vida siempre a caballo entre una educación del Opus Dei y un padre que le brindó el mejor de los regalos de la vida: su inmenso amor y el amor por la palabra y por la alegría de vivir.

 La novela que con frecuencia se adentra en el terreno empalagoso y resbaladizo de los sentimientos felices y familiares, es producto de la sutileza del lenguaje rico y variado de un escritor que logra definir matices grises con unfondo claroscuro,  pero que resalta con brío y claridad los trazos rojos de la pasión por la vida.

Esa sutileza y exquisitez en el uso del lenguaje y la expresión de lo vivido queda reflejado cuando dice:

La cronología de la infancia no está hecha de líneas, sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigada sobre una playa de olvidos.”

Como recoge brillantemente Héctor Abad Faciolince en la frase de Goethe que refleja como un espejo en ángulo el tiempo vivido y nos deja ver lo ocurrido:

Gris es, amigo, toda teoría, pero solo es verde el dorado árbol de la vida

De esta manera, este óleo que es “El olvido que seremos” nos muestra los momentos de alegría y de dolor en la forma que, evitando la nostalgia, rescata los recuerdos para integrar la pérdida, la amputación dolorosa que supone la muerte de las personas queridas, como un padre o una hermana, muertes inesperadas, muertes violentas o lentas y dolorosas, dentro del marco de la existencia y la plenitud que conforma lo vivido. Así el propio escritor nos dice:
Fueron años de dicha, digo, pero la felicidad está hecha de una sustancia tan liviana que fácilmente se disuelve en el recuerdo, y si regresa lo hace con un sentimiento empalagoso que la contamina y que siempre he rechazado por inútil, por dulzón y en últimas por dañino para vivir el presente: la nostalgia.

Aunque del mismo modo hay que señalar que las tragedias posteriores, no deben empañar ese recuerdo feliz, ni lo pueden teñir de desgracia, como a veces les pasa a algunos temperamentos que se enferman de resentimiento con el mundo, y que a raíz de estudios posteriores injustos o muy tristes, borran del pasado, incluso los indudables períodos de alegría y plenitud. Creo que lo que pasó después no puede contaminar de amargura los años felices.





Buena literatura la del escritor colombiano, novela que destila hondura y ritmo, dibujo de una sociedad violenta y clasista dominada por la ley del más fuerte, una sociedad donde la defensa de los valores como la libertad y la tolerancia, se pagan con la muerte, una sociedad donde el poder económico y religioso tiñen de sangre la blancura inocente de los que con valentía se enfrentan a su hegemonía.


He encontrado en Héctor Abad Faciolince un escritor auténtico que conmueve y convence, un defensor de la verdad que con una pluma brillante se ha enfrentado a sus propios fantasmas, y que me ha contagiado de vida y de amor por la palabra. Gracias Héctor por ese esfuerzo de veinte años, veinte años de silencio y sufrimiento desde la muerte de tu papá hasta contarnos la verdad, veinte años en los que el dolor nunca fue olvido y que ahora comienza a ser con nuestra ayuda, gracias por tu amor.

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