Olivos milenarios


Aceituneros altivos

En la tierra milenaria se hunden las raíces ciertas de la vida. Por la savia fluye la certeza y la humildad que desde tiempos remotos los olivos nos han regalado, regando de luz dorada el pan amasado con la ternura de las manos amigas. El aceite es el oro preciado que suaviza nuestras gargantas y nos invade con sus divinos aromas y su poder benefactor; el sabor del aceite puro de oliva, insustituible y único, es monumento vivo a los aceituneros altivos que cantara Miguel Hernández, y que fluye como río de ambrosía desde el olivo milenario hasta nuestro corazón como brota el sudor en los vareadores. Un corazón que se alegra al recibirlo, transformando cada llegada a nuestros sentidos en una raíz más que nos une a nuestra tierra: Andalucía.



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