"Relatos vinculantes" de José Luis Pérez Fuillerat



(Fotografias de Miguel Urbano)

RELATOS VINCULANTES de José Luis Pérez Fuillerat

“Relatos vinculantes” es un entramado de 22 relatos llamados vinculantes, por su propuesta de compartir con el lector, muchas de las complicidades a los que rápidamente uno se aviene, por la textura de la estructura, donde la ternura, el humor, el amor a la literatura, la nostalgia y el respeto a los otros, es un tronco común de encuentro.

Añadiría pues también el título de Relatos vinculados, porque dialogan unos con otros, como lo hacen las palabras entre si, constituyendo un edificio que armónicamente dispuesto, consigue entablar un diálogo entre la vida y la muerte, como en ese para mi genial relato breve “sala de espera”, en un final donde las dos caras de la moneda llegan mágicamente a enfrentarse, no de reojo como habitualmente, sino de cara, frente a frente:

Pero a partir de la visión tan cercana del cadáver de mi abuelo, la muerte fue para mi el escenario de una película muda, con un personaje más maniquí que hombre, por su planificada quietud, y unos actores que deambulaban deseosos de que todo terminara cuanto antes. Todos los llantos arden y los va apagando el tiempo. Las cenizas anidan en la memoria. Es la vida una sala de espera

Ahí se muestra el poeta, el filósofo, el creyente, “Todos los llantos arden/y los va apagando el tiempo/las cenizas anidan en la memoria/es la vida una sala de espera” ¡Magistral! El tiempo, la vida, la muerte, la existencia que anida en la memoria de la experiencia, es ahí donde surge la grandeza del escritor, al encontrar explicación a lo insondable.


José Luis Pérez Fuillerat, muestra sin demasiados altibajos, una coherencia, un estilo que lo define, capaz de saltar de lo íntimo a lo grandioso sin sonar a falso. De poseer la vanidad ineludible y tan necesaria en el acto de la creación a suministrar una generosidad palpable y auténtica.

Hay relatos que lógicamente destacan más que otros, pero tal vez, no sean los mismos los que definan a cada uno de los lectores, como los únicos que deben imponerse a los demás. De hecho a mi particularmente reconociendo la singularidad y el atractivo de por ejemplo “El mortemista” o “la Unidad” por su valor literario, me atraen más los leves y líricos suspiros que desprenden “Quemaditas” u “Otra vez Ronsard”.

En definitiva, un buen ejercicio de literatura, con músculo y buen tono.

Recomendable.


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