Homero, Ilíada de Alessandro Baricco




Homero, Iliada de Alessandro Baricco

Alessandro Baricco nacido en Turin en 1958, saltó a la fama con su novela “Seda” escrita en 1996 y que constituyó una sutil y exquisita historia de un viajero enamorado por la ruta de la seda. En 2004 versiona esta Ilíada con varios objetivos y métodos que él mismo nos relata en su prólogo:

1)    Reconducir a un clásico griego a una forma literaria entendible y atractiva para una lectura pública a principios del siglo XXI

2)    Hacerlo de manera que se adapte  la musicalidad y la respiración particular a la de un lector actual.

3)    La transformación del texto convirtiéndolo en una narración en primera persona de personajes, tanto aqueos como troyanos, eliminando la farragosa y repetitiva intervención de los dioses en la narración.

El resultado es realmente meritorio, Alessandro Baricco narra la belleza de la guerra entre dos mundos abocados a un conflicto, una guerra donde lo femenino adquiere una importancia destacable y donde los golpes y heridas son cantadas como obras soberbias de un artesanado paradójico, atroz, pero sabio.

Baricco narra la guerra de aqueos y troyanos con la intención acertada de conocer nuestro instinto, de manera que una de las cosas que más sorprende de la Ilíada es la fuerza, más bien diríamos que la compasión, con que nos son referidas las razones de los vencidos. Es una historia escrita por los vencedores, y a pesar de todo, en nuestra memoria permanecen también, cuando no sobre todo, las figuras humanas de Héctor, Andrómaca  o Príamo, incluso de los pequeños personajes como Pándaro o Sarpedón.

La Ilíada es un monumento a la guerra y a su belleza, pero en la penumbra de la reflexión, fuera de los destellos de las armas de los héroes, es un grandioso canto a la paz, abastecido en las alforjas inmateriales e ingrávidas del alma femenina que da poder material a los deseos.

Aquí un pequeño fragmento de la obra:

“Patroclo dio unos pasos, buscaba algo que pudiera esconderlo o salvarlo. No quería morir, A su alrededor todo se había detenido. Hay algunas muertes que son rituales, pero vosotros no podéis comprenderlo. Nadie detuvo a Héctor cuando se le aproximó. Eso no podéis entenderlo. En medio del tumulto se le acercó, sin que nadie de nosotros acertara a detenerlo; llegó a un paso de él y luego, con la lanza, le atravesó el vientre. Y Patroclo se desplomó al suelo. Todos nosotros lo vimos, esta vez, desplomarse al suelo. Y luego a Héctor, agachándose sobre él, mirarlo a los ojos y decirle, en aquel silencio sobrecogedor:

 “Patroclo, tu creías que habías venido aquí para destruir mi ciudad, ¿no es cierto?, te imaginabas regresando a casa con la nave llena de mujeres y de riquezas troyanas. Ahora sabes que Troya está defendida por hombres fuertes, y que el más fuerte de ellos se llama Héctor. Tú, ahora, ya no eres nada, solo eres comida para los buitres. No te será de gran ayuda, por muy fuerte que sea tu amigo Aquiles. Es él, ¿verdad? quien te ha enviado aquí. Es él quien te ha dicho: “Patroclo, no vuelvas hasta que hayas desgarrado el pecho y ensangrentado la túnica de Héctor” Y tú, estúpido, lo has escuchado.”

Una obra para apreciar la sutileza de un escritor moderno que reescribe con acierto uno de los grandes clásicos griegos.




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