"Senderos en un jardín circular" de Germán Bandera


SENDEROS EN UN JARDIN CIRCULAR, comentarios a un cuadro del pintor Germán Bandera

Este cuadro invita a la quietud, es una imagen onírica de nuestros sueños azules, imágenes que nos recogen a intimar con nosotros mismos, está lleno de misticismo y diálogo interior. Los suaves tonos y los delicados espacios circulares hace que nos adentremos sin miedo en el territorio de nuestra propia intimidad.

“Senderos de un jardín circular” es también un diálogo sincero y puro con la naturaleza, con el respeto y la admiración que le causa al pintor Germán Bandera y el sentimiento inducido por lo natural. No hay aspiración a copiar la naturaleza sino a introducirse como un elemento más en ella; el pintor asume que es solo una parte del todo pero que sin esa parte el todo queda incompleto.

Los encuentros en el cuadro son constantes al igual que las bifurcaciones y los cambios de tono en los verdes y azules, es una forma de evidenciar las infinitas oportunidades que la vida nos brinda; así en la parte inferior el encuentro de la pareja se  nos traduce en un hombre de amplia estructura, seductor y erótico que mira de frente a la mujer, su cuerpo está medio tapado como mostrando lo que no se ve, su ofrecimiento es pleno, mientras la mujer está en acto de íntima conexión con su entorno.

Sobre el hombre amplio y a su izquierda, en permanente reflexión atendemos la figura de recogimiento de la soledad contemplativa, es un figura de un hombre sedente sobre un lago, con las piernas recogidas hasta tocar su pecho y sus manos parecen sostenerlas a la altura de las rodillas; la atmósfera es exuberante y brillante, aves que surcan la superficie azul del lago, islas llenas de vegetación, rayos de vida y concavidades luminosas pueblan el entorno contemplativo de la soledad del hombre, es la búsqueda de la creación.

En el cielo, dentro de una burbuja cósmica una reunión de cuatros seres que en circulo dialogan y finalmente en la parte superior izquierda tres mujeres que hablan mientras parecen intimar y contarse confidencias, todos ellos están desnudos, en la seguridad de encontrar la máxima relajación sin atuendos que perturben la intimidad que se desea.

Lleno de aves, islas volátiles, árboles y humanidad, “Senderos en un jardín circular” nos induce con su contemplación a la paz y la quietud, mientras que a la vez nos hace indagar, nos provoca su estudio y análisis. Un cuadro en el que el autor nos invita a sentir la plasticidad musical de los tonos verdes y azules, una música interior llena de dulzura.



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