Sobre El Quijote de Trapiello


Sobre el Quijote de Trapiello


Conozco el trabajo de Trapiello desde hace bastantes años y soy un admirador del escritor leonés desde que descubrí su capacidad investigadora y de creación literaria.

Con “El arca de las palabras” (un original diccionario de términos castellanos en vías de extinción y de gran riqueza) disfruté durante meses y además a modo de copia personal construí mi propia “arquita” anotando cientos de ellas con sus sinónimos y ejemplos de uso. Quedé realmente entusiasmado con su trabajo y orgulloso de mis pequeños papiros, con las palabras que más me gustaron y que deben de andar por algún rincón donde duermen  esas pequeñas cosas que guardamos.

Trapiello, Trapillo, Trapacero (como él mismo dice reconocer le decían sus compañeros de colegio), con “El Quijote” y tras 14 años de imagino arduo trabajo ha conseguido realizar probablemente su labor más excepcional.
“El Quijote”,  del cual se cumple el 21 de Octubre los 400 años de la publicación de su segunda parte, da muestras de su solidez y fortaleza el que siga siendo un libro de referencia mundial en pleno siglo XXI.

Casi todos recordamos “El Quijote” con el recuerdo del bachiller cuando nos obligaron a leerlo, y en mi caso el recuerdo es de comentar uno a uno cada uno de los capítulos durante interminables noches de trabajo; lo recuerdo como si hubiera estado escalando escarpadas cimas, fueron momentos de agotamiento y sacrificio que me dejaron un sabor amargo a derrota. Quería saber si ahora con éste lenguaje moderno y conservando la esencia cervantina de la obra y en la libertad que los años me han regalado, cambiaba mi sabor de la amargura que me dejo su lectura.

Ha sido todo un placer descubrir que el contenido de las aventuras de Don Quijote y Sancho, contienen humor, diversión, poesía y enseñanzas, todo un compendio de virtudes que gracias al asombroso trapillo de Trapiello ha dado lustre y cercanía al hermoso contenido de las aventuras escritas por el manco de Lepanto.

Entretenido y divertido por sus aventuras y locuras, por las escenas donde Quijote confunde a molinos de harina con gigantes (ahora en ésta cuidada versión de la editorial Destino la preciosa ilustración de un paisaje manchego se ve inundada por sombras “gigantescas” de molinos de viento) o los disparates continuos mezclados con la diversión, como el de confundir una vasija de metal brillante de un barbero con el yelmo de Mambrino, un casco que proporcionaba la invulnerabilidad según los libros de caballerías a aquel que lo llevaba en la cabeza y que ha dado imagen a éste desfacedor de entuertos o los efectos del bálsamo de Fierabrás que todo lo cura y que le produce a Quijote efectos vomitivos, que él cree milagrosos.

No solo nos divertirán los dislates que originan situaciones cómicas sino también nos encontraremo con lecciones morales a tener en cuenta como cuando la hermosa Marcela se defiende ante la acusación de la muerte del Grisóstomo el pastor, el cual  atacado por la enfermedad de los celos decide quitarse la vida:

Que la hermosura de la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien no se acerca a ellos. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe parecer hermoso” (Cap. XIV de la 1ª parte)

O como cuando El Quijote se dirige a Sancho aleccionando sobre la inutilidad de la envidia:

“¡Ah! envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé que de deleite consigo, menos el de la envidia, que no trae sino disgustos, rencores y rabias” (Cap. VIII de la 2ª parte)

O cuando se dirige a los poetas como yo y con un acierto pleno nos enseña:

“También digo que el poeta natural que se ayuda del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que quiera serlo solo por saber el arte: la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino que la perfecciona; así que, mezcladas, la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta” (Cap. XVI de la 2ª parte)

También la ingente cantidad de refranes que usa Sancho nos da la medida colosal de cómo recoge la riqueza de nuestra lengua y por ende de nuestra cultura hispánica de la piel de toro.

Además la poesía está presente de forma constante con la sencillez de la métrica cervantina que tanto nos acerca a los acontecimientos que van surgiendo en las diversas escenas con los múltiples personajes.

Es en definitiva un lujo para un lector como yo y me imagino que otros muchos, que no pudimos llegar a disfrutar de este hermoso libro, por la dificultad de entender muchos términos del siglo XVII por lo que doy las gracias al trabajo de tantos y tantos años de Andrés Trapiello, y desde ésta humilde atalaya me gustaría que disminuyeran los que llegan a afirmar no haber leído esta maravilla, ánimo y a disfrutar, de verdad todos nos lo merecemos

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