"Desesperación" de Vladimir Nabokov



DESESPERACIÓN de Vladimir Nabokov

Leer a Nabokov es un reto, un placer, una afrenta a tu inteligencia. Nabokov es Literatura pura, estética y estructura, es un continuo juego para que el lector se recree en la creación, en términos exactos diría que Nabokov te exige ser un creador, pero ojo, un creador a merced de su red de telaraña en la que te atrapa infinitas veces.

“Desesperación” es un título de una novela corta que este ruso nacido en una familia acomodada de San Petersburgo en 1899 y nacionalizado norteamericano allá por los cuarenta, escribió en 1936 y antecede en casi veinte años a la novela que le dio la fama: “Lolita”.

En esta novela, Nabokov  juega con la figura del doble como ya lo hicieran Dostoievski, Gogol o Saramago, pero en esta ocasión Nabokov atiende a una cara del prisma distinta, utiliza al personaje, un comerciante de chocolate llamado Hermann que pasa una crisis económica, para jugar con nosotros. Hermann encuentra casualmente en el campo a un individuo desarraigado llamado Félix, que se parece extraordinariamente a él, plantea su muerte a través del asesinato del doble, y de esa manera hacerse rico cobrando el seguro, para ello elige de compinche a su mujer.

En realidad dibuja un personaje que desde el principio nos hace ver que es un mentiroso compulsivo, nos los muestra tan rechazable, tan abyecto, que nos hace construir mentalmente posiciones distintas a la que nos relata Hermann.

En múltiples ocasiones juega con nosotros y se dirige directamente al lector no ya como el protagonista de la situación sino como escritor. Es un juego perfectamente hilado y nos atrapa con él. A veces habla en primera persona el protagonista y otras es el escritor el que nos está hablando para hacernos partícipes del acto creativo. Finalmente como siempre ocurre, el personaje domina al autor. El dominio de la técnica de Nabokov es tan apabullante que  a veces es como si desesperáramos nosotros ante las situaciones y variaciones del escritor.



Se atreve a empezar la novelita con las siguientes palabras:

Si no estuviese absolutamente convencido de poseer un gran talento literario y una maravillosa capacidad para expresar ideas de manera insuperablemente viva y encantadora…Así, más o menos, había pensado en comenzar mi relato…”
¡Sorprendente! ¿no? Pero, ¡de que vas Nabokov! Pues sigue y te enterarás. Es evidente que especialista en ajedrez (son famosos sus problemas sobre este juego) y en coleccionismo de  lepidópteros, Nabokov te avisa que la apertura de sus peones será como le apetezca, pero ya te intimida con ese despliegue de confianza en sí mismo (self-confidence como dirían los angloparlantes como él) y que no intentes analizarlo o clasificarlo porque es raro y único en su especie, ¡coleccionistas a él!
Bueno volviendo a “Desesperación” y al protagonista Hermann, que vamos a pensar cuando él mismo se proclama:

Déjenme suelto, no pienso soportar ni la más mínima muestra de ternura, se lo advierto, pues todo es engaño, un zafio truco de prestidigitador. No confío en nada ni en nadie, y cuando el ser más querido que he conocido en este mundo se reúna conmigo en el próximo, y sus conocidos brazos se extiendan para abrazarme, emitiré un aullido de puro terror, me desplomaré en el césped paradisíaco, retorciéndome…¡Ay, cómo voy a saber que haré! No, que ningún extraño pueda colarse en el país de los bienaventurados.”
Puro aturdimiento para el lector, ¿qué clase de personaje es este? Que además es capaz de volver loco, no solo al lector sino que en su desesperación es capaz de volver loco hasta el más sensato y analítico escritor como es Nabokov:

Pero estoy cansado, mortalmente cansado. Ha habido días, anteayer, por ejemplo, en los que, excepto un par de interrupciones, he escrito diecinueve horas seguidas; ¿y suponen ustedes que me eché a dormir? No, no podía dormir, todo mi cuerpo se tensaba y crujía, como si me hubiesen atado al potro

Brillante y en ocasiones agotador Nabokov, que al igual que Hermann encuentra en su doble Félix, nos emplea a los lectores como reflejos especulares de sus artificios literarios para hacernos disfrutar de las tramas y de los diferentes estilos literarios, de la riqueza léxica y de la fuerza evocadora de sus palabras, pero que también en ocasiones es tan exigente en el juego que nos agota.



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