El rostro de las letras-Apuntes de una sesión fotográfica (1)



EL ROSTRO DE LAS LETRAS, "Del Romanticismo a la Generación del 14"

Exposición que estará hasta el 20 de noviembre en el centro Cultural de la Generación del 27 de Málaga de C/Ollerías y comisariada por Pablo López Mondéjar

Rostros y palabras, literatura y fotografía que se entremezclan, un pasado que sobreviene hacia un presente que descubre en cada fotograma las luces y las sombras, la memoria que restablece el diálogo necesario de la vida.

Lo primero que nos encontramos es lo que opina Mesonero Romanos sobre lo que es un literato en España:

"Y a la verdad, ¿qué es un literato en España? Una planta exótica a quien ningún árbol presta su sombra, un ave que pasa sin anidar; espíritu sin forma ni color; astro, en fin, desprendido del cielo, en una tierra ingrata que no conoce su valor"

Apostillando Mariano José de Larra con:

"En todas partes es más apreciada la aristocracia del talento. En España no se lee porque no se escribe y no se escribe porque no se lee"




Nos encontramos de forma inmediata con cuatro hombres de letras como son Francisco Martínez de la Rosa, de pie, en postura aristocrática, con las manos entrecruzadas, sosteniendo un sombrero de copa en su mano derecha, con abrigo largo y sonrisa tranquila y serena, con un pelo blanco como la nieve y como volátil, como si una corriente de aire desde abajo le impulsara levantándoselo.

Ventura de la Vega a su derecha, con su barba poblada y su inmensa calvicie, con una mirada algo socarrona, una mirada hacia el horizonte distante y alejado del observador, una mirada franca, amplia y tersa. En postura de pie, con las piernas cruzadas, la izquierda adelantada y con la punta del zapato rozando el suelo.

José María Pereda, seductor y atractivo, sentado, con una mirada limpia a la cámara, un rostro claro que parece mostrar la elegancia cantábrica. Su mano derecha se hunde en el bolsillo del pantalón mientras la izquierda sostiene la fusta de un corcel que parece esperar a la misma puerta del estudio fotográfico.

José Amador de los Ríos, que aparece mostrando su profundidad con una mirada dispuesta al reto intelectual, un cuerpo vigoroso y redondeado, unas manos apretadas con la misma intensidad con la de un cuerpo embutido en un traje oscuro, un rostro con un enorme mostacho y unas patillas inmensas que nos ilustran sobre como una piel adquiere la blancura de la luz, es una imagen que desprende energía contenida.




Las luminosas instantáneas de los románticos Rosalía de Castro y Gustavo Adolfo Becquer.




Los monóculos del bondadoso Angel Guimerá o del maravilloso Leopoldo Alas "Clarin"



También podemos ver las imágenes de un Rubén Darío en plenitud junto a otra del poeta modernista agonizando, acompañando las palabras de Alejandro Sawa:

"¡Qué melancolizante visión la de Darío, este joven pálido, viudo de todos los amores, que hace de su casa una Trapa, permaneciendo en ella largas temporadas sin salir, que prefiere la luz del gas a la gloria del sol, y el cine de los mostradores venenosos al ancho panorama de los campos"




Retratos del inolvidable Pérez Galdós, del que Azorín afirmó:

"Don Benito ha hecho vivir a España con sus ciudades, sus pueblos, sus monumentos, sus paisajes (...) Ha realizado obra de revelar España a los españoles. Ahí están las innumerables páginas que el maestro ha escrito como fruto de excursiones por España, calladamente, viajando en tercera, platicando con labriegos y artesanos"







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