REFUGIO DEL JUANAR en la Sierra Blanca de Ojén





REFUGIO DEL JUANAR en Ojén

Los caminos de tierra roja serpentean entre los pinos y los castaños, árboles que se curvan y se besan en las altitudes, senderos frondosos donde se acaricia el silencio y la tierra preñada de humedad aromatiza el aire de balsámica frescura de vida. El caminante solitario acompasa los latidos de su corazón a cada paso; se respira quietud, se palpa la luz del pensamiento abierto a la aventura. La fascinación por la naturaleza es la que nos impulsa sin descanso a caminar durante horas; como ajenos al entorno, nos rendimos paulatina y con admiración a ella






Encuentros con olivos milenarios con su verde claro aterciopelado que anteceden en sus perfectas hileras la sorpresa del cercano bosque, tupido y sombrío, en que nos adentramos alucinados por las inmensos pinos a los que intentas sin éxito verles su copa, como gigantes kilométricos alzados y cercanos tanto uno de otro, conforman la sombra del misterio, de la magia del bosque;  los helechos a sus pies, en compacta y densa muchedumbre parecen el césped que pisan los enormes pinos.





Al fondo el imponente monte determina los límites terrenales, la frontera que se alza majestuosa, grandiosa y determinante.


Durante el camino me sorprenden enormes piedras multiformes, formas de cabezas de caballo, tortugas y de carnero; son rocas tratadas que el tiempo ha esculpido caprichosamente, múltiples formas asombrosas, la erosión ha dibujado pliegues y ojos para dar forma a la eternidad.






A la vuelta nos espera el refugio, la llama del hogar, el calor que nos brindan como huéspedes, el personal del Hotel. Tras nosotros la memoria de las experiencias vividas, la que contribuirá a ser combustible de futuro.

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