Los caprichos de la suerte de Pío Baroja




Los caprichos de la suerte de Pío Baroja


Cada vez me gusta más Baroja, me estoy convirtiendo con la edad en un barojiano, me gusta de él su sencillez y austeridad, su economía y precisión en el uso del lenguaje, su capacidad descriptiva, sus reflexiones serenas y su melancolía, su enfrentamiento con la historia.

He celebrado grandemente la aparición de su novela “Los caprichos de la suerte”, una novela que retrata las andanzas desde Madrid a París de un escritor exilado llamado de diferentes formas,  pero que finalmente decide llamarse Juan Elorrio. Es el alter ego de Baroja. Una novela escrita en tercera persona lo que lleva al alejamiento de los acontecimientos del personaje, al análisis más aséptico y severo, al uso magistral del humor y al ironía, terreno en el que tan bien se mueve Don Pío.

De Baroja dijo Machado:

“Nadie con solvencia moral o intelectual olvida al gran Baroja, ni piensa que otro pudiera mejor que él escribir de estos Episodios, tan definitivos de nuestros días”
La novela se corresponde con un manuscrito escrito en sus últimos años, en los años cincuenta, bueno más bien reescrito ya que se basa en la novela llamada “Los caprichos del destino”.

Un manuscrito que la familia del escritor vasco guardó en su residencia de Itzea en Vera de Bidasoa. Una novela a la que, coincidiendo con lo afirmado en el excelente prólogo de José-Carlos Mainer, le falta una mano. Es una novela deslabazada y sin pulir, de capítulos cortos, pero que nos da la medida de la capacidad y el estilo de un Baroja donde descripciones, reflexiones y diálogos se entremezclan con la suavidad y la tersura de un escritor preciso y claro, mezcla de pasión y serenidad y de un profundo hispanismo.

La profundidad y rotundidad con las que el escritor trata las relaciones humanas y el análisis psicológico de personajes como Juan Elorrio y Gloria, que mantienen una relación erótica desde el encuentro en Valencia hasta los últimos momentos vividos en París, es magnífica. Asímismo ocurre con el tratamiento de la amistad entre Gloria y Julia, mujeres supervivientes de una vida sufrida y azarosa.

 La aparición de personajes tan interesantes como el dibujante mexicano Abel Escalante, el escultor Barral, el comandante británico Evans, que fue espía en Madrid o del viejo Pagani o la de Madame LaTour y su hija Dorina que regentan el Hotel del Cisne en la Calle de los Solitarios de París, dotan la estructura del relato de una enorme riqueza.

Baroja dibuja como nadie el desencanto y la lucha por la vida de todos los exilados que sobreviven en París con el sabor amargo de la derrota de una guerra civil que fracturó por la mitad a la población española.

Unos de los textos sobre estos personajes destinados a convivir en la derrota, nos habla del hacer impecable de Baroja:

A Juanito Elorrio, le parecía bastante absurdo el ilusionarse con el hecho de que la vida media subiera, o recrearse con la idea de que la humanidad iba creciendo para producir nuevas guerras y más crueldades estúpidas. Sería más lógico el alegrarse de que la humanidad fuera descendiendo y acercándose al final, que después de todo le llegará más tarde o más temprano.

Muchas de estas conversaciones se mantenían durante las alarmas, cuando los huéspedes del hotel se reunían para esperar lo que pudiera ocurrir.

En aquellos momentos el hotel parecía un carnaval o el salón de un baile de máscaras. Hombres con batines, mujeres vestidas con pantalones y una especie de turbante en la cabeza o una capucha. Las persianas cerradas; a través de ellas penetraba tan solo una pálida luz del día.

Las señoras hablaban, los hombres trataban de decir chistes para distraerlas y que no pensasen en lo que allí a todos les había reunido. Algunos salían a la calle para ver si podían ver algo. No se veía nada. Se oía el ruido de algunos aviones y, a veces, cañonazos o disparos de ametralladoras.”

Realmente una gozada leer esta nueva novela de Baroja, unos momentos de placer, casi diría de éxtasis literario, de silencio sonoro, de ecos de la memoria armoniosos y limpios, una hermosura, una belleza.



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