El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, sesenta años de una novela realista



El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio

Hace años que tengo este libro, en varias ocasiones comencé a leerlo sin éxito, no pasaba más allá de las veinte o treinta primeras páginas, en esta ocasión lo he leído entero, de cabo a rabo, de principio a fin. “El Jarama” fue premio Nadal allá por el año 1955 y constituye ya un referente en la literatura española del siglo XX. Lleno de vivos y ricos diálogos, así como de descripciones precisas y poéticas de los alrededores de Madrid, narra la visita de once jóvenes, chicos y chicas, al río Jarama una tarde de domingo. Viajaban en motos y bicicletas a las afueras de Madrid a bañarse, comer y disfrutar de una tarde de verano, una tarde luminosa en un río terroso.

Rafael Sánchez Ferlosio, perteneciente a la generación del 50, nació en Roma el 4 de diciembre de 1927. Hijo del ideólogo falangista Rafael Sánchez Mazas, es hermano del poeta Chicho Sánchez Ferlosio y premio Cervantes 2004 así como de las Letras 2009, casado y separado amistosamente de la escritora Carmen Martín Gaite, es con esta obra y con la novela picaresca “Industrias y andanzas de Alfanhuí



La novela trabaja en dos planos fundamentales, las andanzas y vivencias de los muchachos en el río y las arboledas y las conversaciones de la gente del pueblo alrededor de la taberna de Mauricio. Con un realismo absoluto y sin opción al dibujo psicológico de los personajes, ausculta con versatilidad y un dominio del lenguaje extraordinario, la sociología de la sociedad urbana y rural de una manera trivial, de manera que cuando leemos las situaciones que van aconteciendo vamos viviendo de una manera imperceptible el pulso de la realidad.

Veamos como ejemplo, este texto:

Entraban dos; uno vestido de alguacil y el otro un tipo fuerte, en mangas de camisa, los sobacos teñidos de sudor. Dio una palmada en la espalda del hombre de los zapatos blancos.
-       ¿Qué es lo que pasa, barbero?¿Qué muela le duele hoy?
-       La del juicio-le respondía, afectando una sonrisa, y miró de soslayo al ventero- Estábamos hablando de la vida.
-       Pues me interesa, eso interesa siempre. Pero de eso, Mauricio sabe más que nosotros. Así está cada día más duro, ¿verdad que sí?
-       ¿Duro?¿Duro de qué?
-       Duro de perras. Demasiado lo sabes.
-       Vaya por Dios; lo que es eso…¿Qué tomáis?
-       Cazalla del Clavel-se volvió el alguacil-¿Tú?
-       De claveles ya es tarde. Mejor me tomo vino.
Tenía una voz tonta; había dejado quieta la última palabra, como un ruido, el sonido de algo. Sobrevino un silencio.”

Un último acontecimiento dramático termina con la novela en lo que se convierte en un canto que inundado de realidad es un lamento ante la vida y sus hechos.

Novela interesantísima y que todos los que nos dedicamos a escribir, deberíamos de leer.


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