POEMAS LITERARIOS 6 Nueva usura de Alfredo Taján





NUEVA USURA
                                   Harpes et luthes


Enjaulado cerca de Pisa el viejo Ezra rememoró
las cloacas de su voz, versos de buena piedra,
mientras su nombre era borrado para siempre. 
Si supiera que aún se oye su canto de métrica
latina, es orden frente a vértigo: paradójica Isis 
enclaustrada en File para salvar una ficción suprema.

La nueva usura no cree sino en horas muertas
donde lima el puñal del excedente. A veces se comporta
como sátiro lascivo al que succionan sangre fresca
sanguijuelas que no distinguen décima de alejandrino,
ni oveja de parásito, ni conciben el alma del hombre,
tan sólo horrores nocturnos y un lucrativo pagaré.

Resulta imprescindible si se acuña moneda:
efigie de Colbert sin Luis XIV, en su orilla perecen
los parias o ante el portón, cerrado a cal y canto,
del Almirantazgo: allí detrás se anuda corbatas
que nunca lucirá el Duque Blanco, entre sedosas fustas
y el salvaje silencio de la opinión comprada.


Jamás cumple programas gimnásticos ni acude a bibliotecas,
el eslogan de la nueva usura es un nicho en el que sepulta
a otros usureros porque pretende sus exclusivos beneficios.
Profundo acantilado donde se precipita el ser humano
junto a Hernán Cortés y Richard Milhous Nixon: su fatal
atractivo ha convertido el ser o no ser en tener o no tener.

Ni basalto ni ladrillos bien dispuestos: margen animal, 
bestia decidida otra vez a raptar a Europa, a la decrépita
Europa, iracundo Loomis. No hubiera pervivido Jaspers Johns
sin Castelli sin usura, ni la novia soltera abierta en canal
o el urinario, recogido al azar, donde verter el fluido acumulado,
año tras año, siglo tras siglo, en los museos del mundo.

La nueva usura practica sexo glacial en los vuelos nocturnos,
comercia con la infancia y odia las palabras, es falsa enunciación,
registro hueco, ha corrompido a la vía láctea y al cálido céfiro
que hace dos mil años acariciaba a hermosos atletas.
Trampa retórica, impide al huésped dormir tranquilo,
amordaza al crítico, hipnotiza al burócrata para luego
jactarse de que da limosna al invidente Belisario.

Nueva lápida de la nueva usura, quizá la provocaste,
viejo Ezra, ahora que trazas signos invisibles en el aire,
expuesto a la jauría, recuerdas los vibrantes discursos de Saló,
qué importa la sangre derramada, trofeos abisinios
de una península estéril y hedionda, al colibrí le han
quebrado el cuello, las esmeraldas de Memling eran falsas,
los pigmentos de Angélico se pudrieron, no vino ninguno por usura
pero tú estabas ahí, frágil y acabado, y al fin pudiste verlo.

Alfredo Taján






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