Tres noches con el maestro




TRES NOCHES CON EL MAESTRO


Oír tu voz danzarina y porteña, tu tartamudez sabia, tus infinitos conocimientos encerrados en la ceguera clarividente de una memoria portentosa, es un tesoro por mi descubierto. Tres noches en el Teatro Coliseo de Buenos Aires allá en el verano de 1977 y que tras casi cuarenta años me sobrevienen nítidas y claras como fuente de manantial fresco y sereno. La primera hablándome de poesía desde tu hondo lirismo intelectual y sensible, después la siguiente, viajando con Virgilio por las sendas circulares de la Divina Comedia y la última, hasta ahora, con un experimento con el tiempo en los sueños y la vigilia en tu disertación sobre la pesadilla. Gracias maestro Borges, gracias te doy por hacerme aprender tan hermosamente los conocimientos encerrados en tu enciclopedia de espejos y laberintos infinitos que se multiplican sin freno y que sin embargo tan clamorosamente luminoso dibujan el camino. Aún a falta de cuatro noches, sueño con el deseo de oírte aún hablar de las mil y una noches, de la cábala, de la ceguera y el budismo. Serán finalmente siete noches porque siete es el número que esconde la magia de la vida.

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