“Vida en claro” de José Moreno Villa



“Vida en claro” de José Moreno Villa

José Moreno Villa (Málaga, 16 de febrero de 1887-México, 25 de abril de 1955) fue poeta, pintor, archivero, bibliotecario y varias cosas más. Siempre anduvo entre la poesía, la pintura y la historia.
Leer su autobiografía es una experiencia enriquecedora e inolvidable, su manera de narrar es sencilla, digna y noble. En el último capítulo de estas memorias es donde podemos acercarnos emocionalmente a su vida, un acercamiento intuitivo hacia una persona que engrandeció lo que de humano tenemos. Racional y a la vez soñador, su obra ha quedado relegada al olvido y es necesario redescubrirla, tanto su poesía como su pintura tienen una luz intensa, reflejo de la Málaga natal, del Madrid color cenicienta y del colorido exuberante de México; las tres M como él decía son los territorios emocionales que marcaron su vida: Málaga, Madrid y México.

Las memorias las escribe dedicadas a su hijo José Moreno Nieto, que nace tardíamente, momento en que el padre se ve con edad de abuelo y decide escribirle los aconteceres de su vida.
En el último capítulo de “Vida en claro” al que llamó “Aterrizaje y despegue” escribe:

Y ahora, hijo mío, semilla hispana convertida en fruto al caer en tierra mexicana, quiero dedicarte especialmente lo que sigue, aunque todo el libro está redactado para ti.

El último mandato que me impuso la vida, misteriosa siempre, fuiste tú. ¿Por qué tan tarde?

Naces de padre maduro, casi viejo, pero me reconforta pensar que naces de madre joven, dinámica e inteligente. Ella te puede ayudar más que yo el día de mañana.

Dijo de José Moreno Villa su amigo Juan Ramón Jiménez:

“En una ocasión (ya se le nota el requemado de sus bordes y en los montoncitos de ceniza de su pelo goethiano) ardió, de palo al fin, más o menos santo; y su corazón, centro de sándalo del variado maderaje, aromó vagamente entre los árboles de la selva fervorosa con un olor propio”.

Sencillas felicidades y templadas ironías que dieron como fruto una seductora autenticidad, como reza en la contraportada de su “Vida en claro

Criado entre el mar y el campo, de Acera de la Marina a Churriana, desde pequeño fue un observador reflexivo y sensible. Viajó a Alemania a estudiar Ciencias Químicas, dado que su padre era comerciante de vinos y quería que conociera la enología para seguir con el comercio con el adecuado conocimiento. Después de cinco años donde aprendió alemán, abandonó la carrera y se instala en Madrid donde en 1917 entrará de la mano de su paisano Alberto Jiménez Fraud en la Residencia de Estudiantes, fue su casa durante veinte años. Tutor de los que luego fueron conocidos como Generación del 27, fue amigo de los mayores que él, los llamados Generación del 98. Anduvo a caballo entre ambas, como también lo hizo entre la pintura y la poesía, aunque fue la Historia del Arte lo que más le atraía.

Después vendría el desastre de la guerra y su llegada a México, en donde se sintió tratado como un hijo.

Como dice su hijo en una entrevista en el año 2014:

Mi padre nunca olvidó su Málaga y los paseos por la playa
.
Para mi, como lector, me ha resultado, no sé cómo calificarlo, diría que subyugante la lectura de esta obra. Indudablemente establezco un antes y un después de leer a este hombre sencillo, noble y artista.

No os perdáis sus cuadros del Museo de Málaga

Víctor M. Pérez Benítez

Málaga 8 de febrero de 2019.


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