"El ciclo del agua" de José Luis Ortiz




“El ciclo del agua” poemario de José Luis Ortiz


El agua recubre el 71% de la superficie de la corteza terrestre. En los océanos se concentra el 97% del agua total. Las diversas teorías del origen de la vida coinciden en afirmar que ésta tuvo su origen en los océanos.

Se estima que el 70% del agua dulce se destina a la agricultura. El agua es el principal componente del ser humano, que posee un 75% al nacer y un 60% en la edad adulta. La mayoría del agua se encuentra en el interior de las células y el resto circula por la sangre.
Decir agua es decir vida. Este poemario que hoy presentamos tiene el hermoso título “El ciclo del agua”.

El ciclo hidrológico o ciclo del agua comienza con la evaporación desde la superficie del océano. A medida que se eleva, el aire humedecido se enfría y el vapor se transforma en agua, es la condensación. Las gotas se juntan y forman una nube; luego caen por su propio peso: es la precipitación.

El poemario de José Luis Ortiz, “El ciclo del agua” consta de treinta dos poemas breves de extensión y agrupados en cinco apartados.

El primer apartado consta de seis poemas: “El estanque”; “El misterio”; “El encuentro”; ”El rostro”; “Anonimato”; y “El desierto”.

Desde el comienzo sentimos en las palabras de José Luis Ortiz, los ecos sonoros y rítmicos del tiempo pasado en un tiempo presente.

Como nos canta Eliot:

“El pasado y el futuro,/lo que pudo haber sido/ y lo que ha sido,/ miran a un solo fin siempre presente.”

Vemos en los poemas de José Luis, las misteriosas y lejanas luces  referencia de su mundo poético. Las sombras del tiempo parecen a veces precipitarse en el poeta de forma súbita, sombras condensadas en evanescentes y fugaces momentos donde el poeta capta el sentido de la vida. Los versos son siempre suaves, sutiles y delicados, como queriendo recomponer serenamente aquellos recuerdos.

Como dice Azorín:

Vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo-angustias, alegrías, esperanzas- como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables”.

En el poema “El misterio” escribe:

Redimido de amargas utopías/camino. Mis pisadas, los árboles, las sombras/que van cayendo lentamente,/una luz encendida en la distancia/son los signos que anuncian/los bordes misteriosos de la vida”.

En el poema “El rostro”, José Luis Ortiz utiliza la écfrasis, que según la tradición clásica, es un texto verbal que describe una obra de arte visual. Describe poéticamente de manera eficaz el inquietante cuadro del pintor Mariano Férnandez Cornejo. Así nos dice

“A contraluz, la sombra milenaria/desdibuja tu rostro/hasta ser nadie: un cuerpo oscuro/un pliegue vertical/el alma desprendida de una roca”.

En el poema “El desierto”, la pluma del poeta se desliza en la distancia para dibujar serenamente  el renacer del exilado que ha de abandonar su casa polvorienta:
Contempla tu país en la distancia/convertido en seco pedregal./procura levantar tu nueva casa/y bebe cada día/el agua del olvido”.

Nueve poemas configuran el apartado II , están la mayoría inspirados por referentes artísticos y culturales como el perro de Rene Magritte y la casa de Luis Rosales en el poema surrealista con el título de una obra de Chejov: “La dama del perrito”;  un homenaje a la muerte de John Lennon en “El guardián entre el centeno”; un recuerdo al periodista y escritor Stefan Zweig en “El exilio, 1942” y otro a la voz de río profundo del trovador humilde que cantó el blues como nadie: Blind Willie McTell o a la última palabra pronunciada por Orson Welles en Ciudadano Kane en “Rosebud, el fuego”:

“Pero dentro de ti/resplandece una luz,/un latido de nieve/donde brillan intactos/los hilos invisibles de tu vida:/un lugar apartado,/una cabaña hecha de madera/y un niño solitario/deslizándose libre en su trineo”.

Los diez poemas del apartado III bien podrían ajustarse al veros de Guillén:

sí, tu niñez, ya fábula de fuentes”.

En el poema “Carrera del Darro” suspira recordando la magia morena de las noches universitarias de Granada.

En cada uno de los poemas se van desgranado las imágenes que acompañan vívidamente al poeta: El padre austero, irrepetible, invulnerable; el brillo de la pirita en los negros vagones con nombre misterioso: Uixan, Axara; los altos ventanales del pasillo estrecho del colegio; aquel libro de cuentos que ahora casi cabe en la palma de la mano; el rumor de las voces en las noches de verano; los versos declamados de Baudelaire; las ramblas y el manantial y ese río que fuimos , que fluye hacia atrás para renacer desde lo oculto del junco:

sí, mi niñez, ya fábula de fuentes”

Los últimos siete poemas se agrupan en sendos apartados, numerados en romano como IV y V.

Cuatro poemas corresponden al cuarto apartado, son poemas de una tenue luminosidad que se rompe con “Rojo”. Comienza el poeta con dos versos definitorios y evocadores:
Silencio como un río/donde ardía el paisaje

Una imagen completada con los dos últimos versos del poema:

“prendido firme a una ladera/tú, vestida de rojo, flor en llamas”.

El poeta cierra con tres versos aleccionadores, de advertencia, didácticos : “la farsa”; ”de la soberbia” y “de la infamia”, en éste último realza su compromiso moral con la injusticia, la vileza y la infamia y lo hace en la figura de un compañero de colegio.

Una vez le oí a José Luis, que toda su obra es un diálogo con la continuidad del poeta como ser humano, en una triple vertiente:

1)      Continuidad como un enlace más de una cadena que se le antoja como herencia de antepasados familiares  e intelectuales.
2)      Continuidad como una proyección hacia el futuro, hacia lo que ha de venir, hacia  el por-venir.
3)      Continuidad del niño que ahora se ha transformado en adulto

En esa triple vertiente siempre está el poeta en la búsqueda continua de su propia continuidad como ser humano, como ser sensible, como ser pensante.

Sabemos por geometría que dos planos que se entrecruzan delimitan una línea, pero para que tres planos en su intersección conformen una continuidad, una línea, esa disposición no ha de ser aleatoria,  han de estar perfectamente dispuestos como lo están las páginas de un libro, donde cada hoja se une a las demás en el lomo, el lugar fundamental para pasar las páginas y así disfrutar de la lectura; así es como busca el poeta con los tres planos: pasado, presente y futuro dispuestos armoniosamente, el sentido de la vida: la coherencia.

Michel de Montaigne, negaba la existencia del presente:

“No existe el presente. Lo que llamamos presente es la unión del futuro con el pasado”

En ocasiones la manera fundamental de conseguir encontrar la verdad, el sentido de la vida, es ir contracorriente: “adverso flumine” como decían los latinos, buscando en el pasado y en la proyección de futuro, ese punto de encuentro, eso que llamamos presente.

“si, mi niñez, ya fábula de fuentes”

Volvemos a sentir al leer los poemas de Ortiz. La lucha con brío, a contracorriente, contra el hastío y la falsedad, buscando desovar, como los salmones en la parte alta del río, destinados a una muerte que es un renacer a la vida.

La triple vertiente de la vida, como el ciclo evaporación, condensación y precipitación. Es el ciclo del agua, el ciclo de la vida, nos dice el maestro.

El colofón del poemario está dedicado a su querido y admirado Paul Simon, que no podía faltar a la fiesta, así como gran número de poemas dedicados, lo que demuestra la gratitud a aquel a quien dedica verdaderamente todo su trabajo: “A quien conmigo va”. Es pues, no un poemario el que tenemos en nuestro poder, sino toda una declaración de amistad.

Mención aparte merece el trabajo de Alice Wagner de traducción al alemán del poema  que se nos regala en separata así como el cuadro de Mariano Fernández Cornejo y la portada y dibujos de Antonio Estévez inspirados por la compleja y simétrica geometría de las teselaciones-mosaico del palacio de la Alhambra de Granada. Dibujos llenos de fantasía y colores vivos y armoniosos que le conceden un marco perfecto para los poemas.

Como dice su compañera y amiga Amalia García Bustos en unas palabras que comparto en su plenitud:

 Una persona con gran sensibilidad, bondad y extensa cultura. Une la magia de lo cotidiano con la exquisitez de lo clásico, en su obra y en su trato personal . ¡Grande!

Enhorabuena por el trabajo que tanto placer me ha dado en su lectura.

Víctor M. Pérez Benítez

9 de mayo de 2019. Presentación en el Ateneo de Málaga

Comentarios

Inmaculada García Haro ha dicho que…
Un poemario redondo que conjuga a la perfección la sencillez con la pericia como solo puede hacerlo nuestro amigo, José Luís Ortiz.
siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
superándose siempre en sencillez y maestría, conjuga la profundidad con la armonía de lo cercano, un beso Inma
Unknown ha dicho que…
Muchas gracias por vuestros comentarios, amigos. Sobre tú presentación, personas que asistieron tanto al Ateneo como a la Diputación, han coincidido en que les pareció preciosa. Que quede constancia en tu blog, Víctor.
siroco-encuentrosyamistad ha dicho que…
encontrar la oportunidad de disfrutar junto a un amigo intentando no se sienta "desnudo" ante las merecidas alabanzas, es inolvidable. Gracias por el guiño y ojalá se repita pronto.

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