Homenaje a Walt Whitman en el bicentenario de su nacimiento (2). La influencia en las Letras Hispánicas


PRESENCIA DE WHITMAN EN LAS LETRAS HISPÁNICAS

Según José Martí:

El lenguaje de Whitman es el lenguaje de luz ruda, un lenguaje henchido de animalidad soberbia, un lenguaje que ha parecido lascivo a los que son incapaces de entender su grandeza”. (1872)

Canta Rubén Darío en su soneto El buen viejo

"En un país de hierro, vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo,
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto:
y con arpa labrada de un roble añejo,
como un profeta nuevo canta su encanto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro tiempo mejor,
Dice al águila:"¡Vuela!","¡boga!" al marino,

y "¡trabaja!" al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

Para Borges, Whitman profetiza la felicidad, la melancólica distancia que se observa entre “el orbe paradisíaco de sus versos y la insípida crónica de sus días”.

Borges reivindica al poeta de “laconismo trémulo y suficiente; hombre de destino comunicado, no proclamado”.

Vasta y casi inhumana fue la tarea pero no menor fue la victoria del viejo Whitman.

El olor del café y de los periódicos.
El domingo y su tedio. La mañana
y en la entrevista página esa vana
publicación de versos alegóricos

de un colega feliz. El hombre viejo
está postrado y blanco en su decente
habitación de pobre. Ociosamente
mira su cara en el cansado espejo.

Piensa, ya sin asombro, que esa cara
es él. La distraída mano toca
la turbia barba y saqueada boca.

No está lejos el fin. Su voz declara:
Casi no soy, pero mis versos ritman
la vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman.

(Candem, 1892 de Jorge Luis Borges)


«Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, he dejado de ver tu barba llena de mariposas, ni tus hombros de pana gastados por la luna, ni tus muslos de Apolo virginal, ni tu voz como una columna de ceniza».

Son los versos de Federico García Lorca (1898-1936) en su «Oda a Walt Whitman», el homenaje que el poeta de Fuente Vaqueros dedicó al poeta de West Hills en «Poeta en Nueva York».



Se trata de un canto al amor puro y sincero, sin complementos ni definiciones. Libre, como la poesía de Whitman, como el hombre al que Whitman amó y cantó. Como la vida de uno de los más grandes poetas de la historia. Esa historia que hoy, dos siglos después del nacimiento del autor de «Hojas de hierba», le hace justicia con tantos y tantos poetas que, sedientos de carnalidad y pasión, bebieron sus versos como sangre derramada del maestro.

La influencia en poetas como T.S.Eliot, Allen Ginsberg o Fernando Pessoa es innegable.


También en español, cómo no, lengua que acuna a grandes y grandiosos poetas, la tradición contempla al mencionado Lorca, pero también a León Felipe, Pablo García Baena, Ernesto Cardenal, Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Vicente Núñez y a la esencia misma de la Generación del 27 como influenciados por el poeta norteamericano.

Como no recordar la “Oda a Whitman” de Pablo Neruda que por su amplitud solo destaco unos pocos versos:

Durante
mi juventud
toda
me acompañó esa mano,
ese rocío,
su firmeza de pino patriarca, su extensión de pradera,
y su misión de paz circulatoria.





Respecto de los poetas más jóvenes del actual panorama poético español, encontramos también su influjo:

Antonio Lucas dice de Whitman que “es una galaxia abrazadora, un ser titánico que canta a la vida como se canta a sí mismo, aquel que quiso reunir en el poema las pulsiones del mundo, la majestad quebrada de los hombres”.
 Añadiendo que “Hojas de Hierba” es uno de los cantos más anchos y universales de la poesía occidental.

Para Elena Medel , el mundo de Whitman “suena futuro incluso hoy” y su poesía es visionaria, luminosa, como “el ruido de un motor que se encienda para que todo marche y a veces arde y a veces hiela, según le dé”.
Como libre (y hermosa) es la definición que hace Manuel Vilas de la poesía de Whitman: “es un imperio, la poesía de Whitman es más importante que el imperio romano, el imperio español, el imperio británico. Todos los imperios políticos son inferiores al imperio moral de Whitman”.


Whitman es el poeta preferido de Vilas, del que afirma “es el esplendor de la vida, es estar enamorado y bañarte desnudo en todos los ríos de la tierra. En mi vida y en mi obra es esencial. Me enseñó a no tenerle miedo a la verdad, a amar la vida sin estupideces  ni cursilerías, a escribir como me diera la real gana, pasando de todos y de todo”.
La malagueña Maria Eloy García afirma que tras leer a Whitman llegó a la conlcusión de que “ni intelectualidad, ni filología hacen el poema más puro, sino la vida latiendo intensamente”, para añadir: “el primer poeta del que tuve conciencia que escribía a bocajarro, a boca llena si parar"

Para mí y después de leer durante casi un año la poesía de Whitman, la edición completa de “Hojas de Hierba” en Galaxia Gutenberg con un prólogo excepcional de Eduardo Moga, he de manifestar mi profunda admiración hacia su ingente tarea; un derroche de pureza, un río de transparencia donde circula como un torrente continuo el amor por el ser humano y la naturaleza. La poesía de Whitman es esencialmente libre y en su autenticidad no escatima en defender los valores propios de esa libertad concebida como salvadora de la existencia. He sentido indudablemente con la visión carnal del poeta americano, en determinadas ocasiones, perturbación, es una sensación que dura solo un instante, pues esa hechura carnal se transmuta veloz y limpiamente en un estado espiritual, que bien podría trasladarnos a los pasajes más hermosos del Cantar de los Cantares, a la mística de la poesía sufí o al hinduismo. Valentía, hombría, nobleza, esperanza, crudeza, ternura, hondura, alegría, son todos adjetivos que se me vienen con la lectura de “Hojas de Hierba”.
Para mi, un poeta de eternidad y de lectura permanente.



En su poema “canto a la prudencia” el viejo Whitman escribe:

“La caridad y la fuerza personal son las únicas inversiones con algún valor.
No es necesario especificar todo cuanto hagan un varón o una hembra, que sea vigoroso, benevolente y limpio, redunda en su beneficio, en el orden inmutable del universo y en su perduración eterna

(Final de la segunda parte)

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