UN DESIERTO DE SEDA de Juan Campos Reina








UN DESIERTO DE SEDA de Juan Campos Reina

Un Desierto de Seda” es la primera novela de la Trilogía del Renacimiento, formada por tres novelas independientes, las dos restantes son las llamadas “El Bastón del Diablo” y “La Góndola Negra”. La Trilogía relata la historia de los miembros de una familia, los Maruján, desde el último cuarto del siglo XIX hasta finales del siglo XX.

En Un Desierto de Seda el espacio toma relevancia en la narración, de manera que el recinto familiar donde conviven los personajes son los límites donde se desarrollan las entradas y salidas de misterios y conflictos; la simbología de los jardines y el desenvolvimiento de la acción es como una alegoría del mundo.

En palabras del autor:

“La autonomía del subconsciente al escribir fue la razón de que, aun pretendiendo efectuar un homenaje explícito a la Divina Comedia en el capítulo X de Un Desierto de Seda, no cayese hasta mucho más tarde de haber escrito esta obra, en que ella estaba actuando como lo habría hecho un pintor con las características propias de los referidos precursores del Renacimiento y no como un pintor moderno. De ahí que los fondos profusos que rodean a los personajes de Un Desierto de Seda en plena Belle Époque no sean otra cosa que el reflejo de un temblor, de una conversación silenciosa”.

El espacio de la casa de los Maruján es como los Campos Elíseos, donde según la mitología griega los muertos regresan a la etapa más feliz de su vida. Así es como regresa Pepe Maruján, arruinado, después de veinte años residiendo en países europeos, ocupando el pabellón de la casa, un edificio de menores proporciones y dedicado a la explotación de una bodega. Pepe estará rodeado de árboles . El árbol símbolo de la Revolución Francesa , propio de la Ilustración, se enfrentará a la rosa de eterno retorno, simbolizada por Lola Maruján , su hermana, una mujer conservadora que ocupará la mansión principal y que cuidará su casa como un jardín de rosas. Por último Blanca Maruján, que se deja adorar por su tío Pepe y su primo, el narrador de la historia, ocupará la segunda residencia; desde su llegada es objeto de deseo.

La novela solicita que el lector se acompase al ambiente burgués y lento del verano de 1915, donde se deshace la concepción burguesa en un ritual ingrávido de un paraíso en decadencia.

Un final perturbador por su hermosura, vaporoso y tremendo, nos dará la medida de la pérdida de la inocencia del narrador, que con la aparición definitiva de la muerte, abrirá la puerta definitiva a la concepción de la finitud de la existencia y con ello al adiós a la magia de la infancia, al abandono del paraíso, a su vez otra puerta, la de la cruda ternura invadirá las estancias.

La novela es de una factura exquisita y un estilo depurado; la riqueza de las palabras, y el poder de la evocación la convierten en una lectura, que si bien nos exige atención continua, nos devuelve con creces el esfuerzo, con el  sumo placer y disfrute de una extraordinaria historia. Como lector me he sentido atrapado por ese gran novelista Juan Campos Reina (Puente Genil 1946, Málaga 2009) que nos dejó demasiado pronto , pero que ha dejado a Gonzalo, Alvaro y Diego, sus hijos, la semilla de la creación y el amor por la literatura y el arte.

Como ejemplo del estilo y el dominio de la palabra y el ritmo de este escritor, ahí os dejo una escena del capítulo X donde el narrador recuerda una escena con su prima Blanca:

“Cuando volví a los salones donde se servía el buffet, hallé a Pepe y a Blanca sentados junto a una de las mesas. Al reparar en mi presencia, pepe me tendió una copa de champán, y brindamos por Francia, por la Fornarina y contra Bernard Shaw. Luego Pepe se despidió de nosotros para revisar los preparativos del cotillón. Blanca estaba radiante; el tono rosáceo de sus mejillas incitaba a mordisquearla como si fuera una manzana del paraíso. Retorné con ella al Gran Salón, y nos entregamos a las voluptuosidades del baile, dominados por el calor de la fiesta y el champán. En el centro de aquel torbellino me asaltó el deseo de perseguir la línea de sus labios y su barbilla dominante, explorar su boca con mi lengua de serpiente y perderme en sus ojos, apasionados y perversos como los de la Santa Ana de Leonardo da Vinci.”

Víctor M. Pérez Benítez
Mayo 2019




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