EL CUARTO DEL SIROCO de Alvaro Valverde





EL CUARTO DEL SIROCO de Alvaro Valverde

Una ligera quietud te envuelve cuando lees los poemas de Valverde, es como así quiere el poeta: un cobijo ante la adversidad. Se trasluce en sus palabras un cierto sabor a lo cercano y sencillo que albergamos en la memoria de la infancia, en lo cotidiano, que a veces está escondido ante las adversidades diarias a que nos someten las prisas. Se mueven sus poemas “adverso flumine” (contracorriente).

Ya en las frases elegidas como preámbulo muestra su intención:

Hay demasiado de mí en mi escritura”. (Anne Carson)

La poesía es la meditación de la vida” (Kennet Koch)

Contemplación, reflexión y acción. La poesía nace de lo que es la observación natural, de lo que vemos y palpamos; de lo general pasa al interior tamizándose, personalizándose, y se desprende nuevamente hacia el exterior, para ya ser de todos y en ella, en la buena poesía como la de Alvaro Valverde, nos reconocemos, nos hallamos y nos salvamos de la hecatombe.

El primer poema me hace cantar la canción de Camarón: “Como el agua”; el poeta canta:

“Como el agua, metáfora y verdad./Sí, como el agua”.

Le sigue un elogio a la pérdida, y un elogio al encuentro:

“o en cualquier edad muerta/que tampoco viviste/ donde al fin estas tú”.

El cuarto del siroco” es un libro que rezuma autenticidad, a corazón abierto nos muestra lo que sabemos que es cierto, eso se comprueba desde las primeras palabras hasta las últimas. Se agradece una poesía tan honesta y cuidada:

“El ojo busca la luz donde la noche /enciende su memoria de infinito”.

La brevedad de Valverde es tan extensa que nos hace ampliar el pensamiento, percibir lo fugaz de la existencia y apercibirnos de la perentoria necesidad de vivir a fuego lento cada instante. Es en la claridad donde radica su eficacia, donde late el misterio que nos atrae y seduce los sentidos.

Comparto con Alvaro Valverde varias cosas: la edad y el amor a la poesía; también a Moustaki, al que le da un homenaje inquebrantable en la melancolía de su pérdida:

Se ha muerto Moustaki/como perece/el amor que nació/con sus canciones”.

También mi cada día más apego a lo breve: “La intensa levedad del aforismo”. como afirma en otro de sus poemas.

Recorrer la geografía emocional de Valverde es asistir a un viaje inolvidable. Un libro que no olvidaré y que ya pasa a ser candidato a mis relecturas.

Víctor M. Pérez Benítez

19 de junio de 2019





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