“España en los diarios de mi vejez” de Ernesto Sábato








“España en los diarios de mi vejez” de Ernesto Sábato

En el año 2002, el escritor argentino Ernesto Sábato, en plena crisis económica de su país y a la edad de 91 años visita España; un recorrido amplio donde recibe homenajes: La medalla del Circulo de Bellas Artes de Madrid, la medalla de honor de la Universidad Carlos III, da conferencias en Oviedo, Santiago de Compostela, Alicante, Sevilla, Albacete, Barcelona…es un viaje cargado de compromisos y amistades. En este libro “España en los diarios de mi vejez”, conoceremos al Sábato cercano y cotidiano, un diario que con la ayuda de su siempre acompañante Elvira González Fraga, el escritor argentino recopilará y ordenará a la vuelta de sus casi dos meses de estancia en España.

Los días que pasa en Lanzarote con Saramago son descritos con un aroma exquisito, supone un deleite para el lector.

Ernesto Sábato nació en la provincia de Buenos Aires en 1911, se doctoró en Físicas y llegó a trabajar en el Laboratorio Curie hasta 1945, momento en el que siendo especialista en radiaciones atómicas, decide abandonarlo todo para convertirse en escritor. Su novela “El túnel” en 1948 fue todo un acontecimiento literario, luego con obras como “Sobre héroes y tumbas” en 1961 y “Abbadón el exterminador” en 1974 (mejor novela extranjera publicada en Francia en 1976) lo convirtieron en uno de los mejores novelistas en lengua castellana del siglo XX.

España en los diarios de mi vejez” es un documento de extraordinaria dignidad moral , de gran rotundidad expresiva y de una lucidez asombrosa. La emotividad y la ética que siempre muestra Sábato nos acercará a un creador inigualable por su capacidad dicotómica entre las luces y las sombras. Lo nocturno y lo diurno conviven en el argentino de una manera equilibrada y maravillosa.

De una factura sencilla y cercana, su prosa no exenta de una complejidad que subyace en el alma del escritor, posee el don de levantar las palabras para luego hacerlas andar de rodillas, dejando un rastro de sangre, un líquido lleno de vida y oscuridad, de luz y esperanza, Se dice de Sábato que el escritor del pesimismo, nada más lejos de la realidad, su escritura como la de Dostoievski está plagada de humanidad y de utopía. Sin duda es el motor que mueve a esa persona tan anciana que parece un chico joven.

Dice Sábato:

Mientras se es joven uno cree que controla la vida, que ella responde a nuestra voluntad, pero cuando uno llega a la vejez, sabe que no es así.
Los viejos a prendemos a desprendernos, a no seguir acumulando en la memoria, atesorando como una posesión incomparable e irreductible. Recordar es como tener, y cuando uno se va haciendo tan viejo, va perdiendo, caen los recuerdos como las hojas de un árbol.
Mientras recordamos tenemos ese timón, pero el olvido nos deja a merced de las aguas, de los vientos, de la vida. Todos en la vejez terminando siendo pobres”.

Nada pobre es Sábato, porque posee el bien más preciado: la gratitud.

Al final del libro unos anexos nos acercarán a la figura del maestro argentino; son discursos pronunciados en las distintas ocasiones que es homenajeado por autores como Rafael Argullol, Pere Gimferrer, Félix Grande, Fanny Rubio, Claudio Magris y José Saramago. Realmente excepcionales.

Quisiera terminar con unas palabras con las que Sábato en el discurso que él mismo pronunció, son palabras de Hólderlin:

El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante.
Ven. Miremos los espacios abiertos.
Busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté

Víctor M. Pérez Benítez Julio 2019






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