“Amigos y maestros” de José Antonio Muñoz Rojas






“Amigos y maestros” de José Antonio Muñoz Rojas

José Antonio Muñoz Rojas gozó de una larga vida, nacido en Antequera el 9 de octubre de 1909, solo le faltaron 10 días para llegar a centenario, falleció el 29 de septiembre de 2009 en Mollina (Málaga). Su vida como escritor fue también muy dilatada, casi tres cuartos de siglo le sirvieron para conocer y tratar a gran cantidad de poetas, filósofos y escritores.
Según palabras del profesor Ruiz Noguera: “concebía la poesía como contemplación y como equilibrio; siempre a partir de lo cercano, de la naturaleza, que supo expresar con perfección en verso y en prosa”.

Este volumen de “Amigos y maestros” publicado en 1992 por la editorial Pre-textos, es de una delicadeza y exquisitez realmente admirables. En esta obra, el poeta antequerano, demostrará la generosidad y agradecimiento a tantas personas con las que trató, es además un canto de amor a la poesía y la palabra.

Podremos compartir el primer encuentro con Góngora después del tres siglos del brote primero, sentiremos como se le aparecen saltando, brillando, encadilándole. Nos hará llegar aquel libro de don Antonio Machado que, en su adolescencia le atrapó y que nunca abandonaría. Nos contará la visita a T.S. Eliot el tres de julio de 1936 en Rusell Square.
Muñoz Rojas decía que este libro de “Amigos y maestros” es una recopilación de “apuntes personales”.

Se disfruta del libro con la exposición precisa y sencilla de cómo le impresionaba en Madrid aquella luz permanente en la casa de Ramón Menéndez Pidal, de la visita a Cambridge, donde trabajó, de Miguel de Unamuno poco antes de la contienda fratricida española.
Podremos casi oir la voz de Juan Ramón Jiménez que la calificó de “túnel de resonancia”; veremos la imagen de la dignidad, la elegancia y el moderado escepticismo de Moreno Villa, sus crónicas de los encuentros y las cartas  con Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego o Vicente Aleixandre que todo lo llenaba con su sonrisa y, tras ella, la mirada azul e inocente.

Mención especial merece su trato con los poetas malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, con los que participó en la revista Litoral.

Y más, mucho más, y muchas más personas que aparecen en estos “apuntes personales” que constituyen historia de nuestra literatura.

Excelente libro con el que los amantes de la poesía, como yo, disfrutamos.

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