“Malabata” de Sergio Barce







“Malabata” de Sergio Barce

El cabo de Malabata a 10 Km de la ciudad de Tánger, posee un faro y un castillo medieval, desde hace ya casi cuarenta años existe un proyecto de unir a través de un túnel ferroviario subterráneo, bajo el mar, la punta Malabata con punta Paloma en España.; unir Africa y Europa es el sueño que nació cadáver, como muertos parecen los sueños de los protagonistas de la novela de Sergio Barce que junto al “libro de las palabras robadas” y “La emperatriz de Tánger” completa una trilogía cuyas escenas se desarrollan en Tánger durante los años cuarenta y cincuenta, años en los que la capital tangerina, dotada de un status privilegiado de ciudad internacional, fue ocupada por personas y personajes huidos de acontecimientos y lugares sometidos a las consecuencias del final de la segunda guerra mundial, un mundo de perdedores sin escrúpulos que buscan su salvación a toda costa.

La novela de Sergio Barce es excepcional, para mí la mejor de las tres, mantiene una tensión narrativa desde la primera a la última página. Todo comienza como así debe ser en una buena novela noir, con un asesinato, mejor decir, en su caso,con dos asesinatos:

“El inspector jefe Hourani no podía librarse de la imagen de Christian Tesson yaciendo sobre el frío mármol en el depósito de cadáveres, solo y olvidado, algo que le costaba asimilar porque creía que el subinspector no merecía ese final tan trágico. La vida termina siendo injusta demasiadas veces, pero si meditaba en profundidad sobre todo lo ocurrido, tenía que admitir que en realidad nada podía haber acabado bien en esa historia. Ahora le parecía que había transcurrido un siglo y, sin embargo, todo se desencadenó tras el asesinato de Jacques Duhamel, cometido apenas unas semanas atrás”.

La narración vira hacia el pasado para a través de las investigaciones policiales se intenta desentrañar a los asesinos el primer crimen. Una investigación dirigida por el inspector jefe marroquí,nacido y criado en Bélgica, Amin Hourami, que previa a su llegada a Tánger había trabajado en Beirut.

Una novela llena de violencia y rencores, de traidores y espías, pero también plagada de ternura y esperanza. Un ambiente nocturno y sórdido (el de los cafetines tangerinos), pero también de penas y fracasos aliviados en la apacibilidad y humanidad de los personajes. La novela se lee con vértigo y te mantiene en tensión desde las primeras a las últimas escenas. La habilidad de Barce es conseguir evocar con sus descripciones y diálogos, creando imágenes dotadas de poderío. Como lector no he leído “Malabata” con los ojos, sino con los “ojos de la mente”, que como decía Stevenson, es encontrar la pepita de oro, que desde luego, el escritor ha conseguido.

Se contagian las pasiones del autor: la literatura y el cine, que encontramos determinantes en toda la novela, como son el libro raro de Goethe o la escena de Gary Cooper en “Solo ante el peligro”.

Los personajes secundarios son magníficamente dibujados, lo que dice mucho de la textura y equilibrio de toda la trama. Así el subinspector Medina, ayudante del inspector jefe Hourami, adscrito permanentemente al mismo número de lotería que comparte con su jefe, es un policía expeditivo y angustiado, escéptico, sabedor que los sueños quedan igual que los cadáveres en una cuneta o Christian Tesson, el inspector que lleva impregnando en su alma el rencor y el odio de un pasado cruel del cual exige venganza o Yamila, una bellísima danzarina, que le arrebata el alma a Hourami y que a su vez es la última esperanza a la que agarra el inspector jefe.

Novela con mayúsculas, con momentos líricos también memorables como la siguiente escena en el desierto:

Por fin pudo encenderse un cigarro. Había dejado a sus hombres acostados en el interior de la tienda y se había llevado consigo un candil que dejó en el suelo, junto a sus pies. Se sentó al abrigo del muro de piedra, bajo un cielo inconmensurable repleto de estrellas que parecía fáciles de ser asidas con las manos, como simples racimos de uva colgados del techo. El desierto es así de inextricable, capaz de ofrecer los horizontes más lejanos y a la vez la posibilidad de rozar la luna con la yema de los dedos.”

Una novela llena de humo y de soledad, de sueños rotos y de esperanzas cosidas de un hilo.

Una nota aclaratoria del autor nos avisa de que no es todo real, a mi si me lo parece, o al lo menos así podía haber sido sin duda; es la verosimilitud lo que hace a “Malabata”, una novela tan compacta, sedosa y atractiva.

El Glosario de árabe es un aporte inteligente y oportuno que nos ayuda no solo a comprender ciertas expresiones de los diálogos, sino que nos enseña expresiones muy fáciles de aprender y que son de gran utilidad, como Shukram (gracias), Saha (salud) o Safi (ya está)

Como lector habitual, afirmo con rotundidad que Sergio Barce se ha convertido en uno de los mejores escritores euroafricanos de novela noir.

Mi enhorabuena.




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