Mis páginas mejores de Max Aub, el mago en el laberinto.







Mis páginas mejores de Max Aub, el mago en el laberinto.
                                                                                                       
Cuando adquirió la nacionalidad mexicano, afirmó:

“¿Qué soy? Alemán, francés, español, mexicano: nada. ¿De quién es la culpa? ¿Cómo culparme?. Quise ser escritor, ¿qué soy? Narrador, dramaturgo, poeta, crítico: no soy nada. Si fuera poeta, narrador, dramaturgo o poeta, lo que fuera, sería español, mexicano, francés, alemán. Como no lo eres, no eres nada, ni judío siquiera. Siempre se es a medias. Mexicano desde ahora, mangas verdes”.

En el año 1965, Dámaso Alonso decide impulsar una edición de las mejores páginas de Max Aub, para ello cuenta con la colaboración estrecha de Hipólito Escolar. Las cartas que se cruzan con el escritor español en el exilio mexicano, son realmente determinantes del concepto que tiene Max Aub de la España franquista: “Mis mejores páginas me pedís, o más bien, las mejores páginas que se puedan leer”. De hecho durante meses, la censura mantiene las 392 páginas sin autorizar. Finalmente en 1966 se publica por la editorial Gredos este libro de la foto, que conservo como una joya, el original enviado por el escritor español en el exilio queda reducido  a 270 páginas.

La creatividad y riqueza de Max Aub es difícil de medir: de enorme amplitud de miras y con  un estilo depurado, pero siempre girando alrededor de la búsqueda de una identidad, una angustia constante de sentirse desplazado de un lugar, su lugar, al que pertenece; él se siente español, “ se es de donde se estudia bachillerato” llega a afirmar.

Nacido en 1903 en París, de padres de origen alemán, llega a Valencia en 1914, donde estudiará en el Instituto Luis Vives, trabando amistad con la familia Gaos, Juan Gil-Albert y otros intelectuales valencianos. No cursa estudios universitarios, dedicándose desde muy joven a viajar por toda Europa comerciando con bisutería fina. Posteriormente dirigirá el grupo de teatro El Buho, hermanado con el grupo teatral La Barraca de Lorca. En 1929 se afilia al PSOE y se compromete con la defensa de la República, siendo agregado cultural en París. Posteriormente tras pasar pos diferentes campos de concentración en Francia y Argelia, llega a Veracruz (México) en 1942. Muere en tierra mexicanas en 1972.

Solo quiere escribir en español, pero España se le aleja cada vez más y cuando vuelve en 1969 llega a afirmar: “He venido, no he vuelto”.

Su educación francesa, su ascendencia alemana, su crianza en España y finalmente su exilio en México, se traducen en una riqueza a veces difícil de manejar. No es entendido por nadie. Su teatro, tal vez donde más brilló, es vanguardista y deja de representarse. Su poesía es desconocida, Max Aub llega a convertirse en un escritor de referencia para el conocimiento de la Guerra Civil; es su serie de libros El laberinto mágico lo que le da más popularidad.

La parte lúdica de Max Aub es muy sorprendente, crea un personaje de ficción, un pintor llamado Jusep Torres Campalans, el cual expone sus cuadros en México y Estados Unidos alcanzando renombre mundial. Amigo de Picasso y Juan Gris; algunos importantes pintores como David Alfaro Siquieros, dicen incluso haberlo conocido en París. Todo es una invención de Max Aub, que gustaba de esos juegos.

Estamos pues ante un literato singular, que por su edad debería estar entre los miembros de la generación del 27, pero que no se llega a encuadrar en dicho grupo.
Mis mejores páginas me ha hecho disfrutar, un libro donde se recogen cuentos y relatos que abarcan un período de tiempo amplio, desde 1938 a 1958. Sobre todo me ha gustado el Manuscrito cuervo. Historia de Jacobo, escrito tras la experiencia en el campo de concentración de Vernet durante los años 1940-1941, donde estuvo ingresado frente a otros antifascistas. Es una de las obras más singulares y menos conocidas de él.




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