El alegato de Bernardo Ferrándiz









El alegato de Bernardo Ferrándiz

Bernardo Ferrándiz (Valencia, 1835-Málaga, 1885) llega a Málaga en 1868 como titular de la Cátedra de Colorido y Composición de la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, donde en 1878 será Director. Pintor amigo y devoto de Mariano Fortuny, su pintura trata temas de actualidad y costumbres con una clara inclinación a la vida cotidiana.

En este cuadro llamado El alegato, Ferrándiz trata con luminismo, preciosismo, instantaneidad y exactitud de los detalles, como una madre trata de convencer a las autoridades para que este no sea alistado, para ella muestra sus cargas y la ausencia de un marido. La escena, plasmada en un lienzo de tres metros por dos metros, nos concentra los colores más intensos en los seres con más poder, como el militar, mientras que los colores menos luminosos quedan bañando a los más débiles. Impresiona el juego de miradas, alguna de interés, otras de desinterés o de vergüenza. El juego del presente en el centro del cuadro contrasta con el futuro reflejado en la parte derecha, donde un soldado es tallado con semblante de fastidio. En la parte izquierda el cuadro del rey Fernando VII cubre la estancia, es un rey que por su propia ambición desmedida llevó a muchos soldados a la muerte.

Ferrándiz, por su vehemencia y apasionamiento en todas las actividades, nunca poasó desapercibido. Tuvo amigos incondicionales como Muñoz Degrain y antagonistas renombrados como Martinez de la Vega. Organizó encuentros culturales y sociales, muy conocidos en la época,  en su Hacienda de Barcenillas. En toda la ciudad se vivió su intensa actividad cultural. Sembró de discípulos el panorama pictórico de Málaga: Moreno Carbonero, José Nogales, Enrique Simonet, José Denis Belgrano o Pedro Saénz, entre ellos. Pintó el techo del teatro Cervantes con el cuadro Alegoría de la Historia, Industria y Comercio de Málaga.

Está enterrado en el cementerio de San Miguel de la capital malagueña.

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