"Homenaje a Emilio Prados" de Augusto García Weil

 



HOMENAJE A EMILIO PRADOS

           

             Llegó el estío. Esperemos que en esta ocasión no vuelva a ser el protagonista estacional de nuestras playas un ser cuyo nombre incorpora el de una deidad fenicia: la pelagia noctiluca, una especie de medusa que en anteriores años dolorosamente pobló nuestras playas.

            Se aproxima el sexagésimo aniversario del fallecimiento de Emilio Prados (Málaga, 1899 – Ciudad de México, 1962). Con este motivo recordamos al sensible poeta malagueño, precisamente en relación con las medusas. Darío Carmona (Santander, 1911 – Quito, 1976) literato unido a Prados desde las horas primeras del alumbramiento de la revista Litoral contaba que Emilio era “la desdicha sonriente” pero nunca se le veía triste. “Él nadaba mucho -nos decía Darío-, largamente, nadaba despacio, pero muy bien, e iba abrazando a cada medusa -en Málaga le llaman “agua mala”- que veía, la besaba y la abrazaba…” Según Carmona, a la vuelta de nadar durante un largo rato, volvía con el pecho lleno de cnidocitos, “aguijones” urticantes de las medusas, que producen sus temidas picaduras, por lo que tenía el torso en carne viva. Dicho amigo de Prados concluía: “Pero esto no lo contaba como tragedia. Nos mostraba su pecho y explicaba qué había hecho y seguía su vida”. Era pasmosa la capacidad de Emilio Prados para asumir tales trances.

            Habrá a quien le parecerá que nuestro literato era un pánfilo, y en realidad lo era, pero tan sólo en el sentido etimológico de la palabra, es decir, el que todo lo ama, o sea, bondadoso. En realidad era un San Francisco de Asís de la mar con valor, y más amor que prudencia.

            ¿Qué amaba Emilio de las medusas? Quizá era debido a ser criaturas del mar, por el que sentía pasión, y al que le escribió un poema titulado ¿Vivo del mar? Desde los primeros versos del mismo ya contesta a su título-pregunta: “El mar por mí ha nacido y al sol del mar mi soledad se acoge”.

            Es posible que el rapsoda adorara la Medusa como animal mitológico. Medusa en griego significa guardiana, protectora. Además, desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en un artilugio, conocido como Gorgoneion, que aleja el mal.

            Es probable que nuestro paisano se congratulara con ellas porque hay lugares donde se les conoce como “lágrimas de mar”, en las que veía reflejado su contrapunto la “desdicha sonriente”. No nos es posible despejar la incógnita. Emilio era un conmovedor enigma.

                                                                                              

Augusto García Weil

@AugustoWeil





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